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miércoles, 28 de octubre de 2026

café

Me serví un café (malo)
y me senté a no hacer nada.

Duré tres minutos.

Recordé los correos,
los pendientes,
la pinche reunión de las doce
y el documento que (seguramente)
nadie leerá completo.

El café seguía ahí,
haciéndose viejo (antes que yo).

Le di un trago.
Frío. Amargo.

Quería ir por otro,
pero tenía una nueva notificación
y una agenda llena de pen… dejadas.

No puedo tomar algo
sin sentir que debería estar haciendo otra cosa.

A mis cincuenta y tantos
todavía hay un pendejo dentro de mí
que cree que para descansar hay que merecerlo.

Hoy pienso mandarlo (todo) a la chingada.

Me sentaré.
Beberé mi café.
Miraré por la ventana
con la misma solemnidad
con que otros contemplan el sentido de la existencia.

No voy a resolver la educación
(ni al mundo),
ni a convertirme en una mejor versión de mí mismo.

Por lo pronto,
que esperen los pen… dientes.

Tengo café.
Tengo mi silla.
Y no estoy disponible
para ninguna chingadera.



Twitter: Owiruame

lunes, 19 de octubre de 2026

¿Qué piensas?

─¿Qué piensas? ─preguntas.

─Nada ─respondo.

Pero esa nada es una descarada mentirosa.

Pienso en tu primer mensaje, en mis primeras letras y en todas las que vinieron después. En las conversaciones que nos robaron el sueño, en las caricias que empezaron siendo versos y terminaron por quitarse la ropa.

Pienso en cómo llegamos hasta la piel. A esa mínima distancia en la que dos cuerpos se empeñan en ocupar el mismo espacio, desafiando las leyes de la física y la prudencia (y las buenas costumbres).

En la pequeña muerte, repetida con una deliciosa falta de respeto por la resurrección. Pienso en ese maremoto de emociones, sabores, saliva, gemidos, placer, sudor y temblor. 

Dos bestias devorándose sin demasiada consideración por las sábanas, el sueño o la reputación. Haciéndose pedazos para volver a inventarse. Como el fénix (aunque suene hereje), como la hidra, donde parece terminar el deseo, nacen otras siete maneras de comenzar.

Furia y ternura. Dientes y besos. El hambre de comernos el mundo y la indecencia de preferir comernos entre nosotros.

Y después, la calma. Esa tregua sospechosa en la que los cuerpos fingen la paz, hasta que una mano distraída, una boca hambrienta, una mirada o una sonrisa vuelven a declararnos la guerra.

Pienso también en tus ojos insondables. En nuestras risas a mitad de la noche, cuando la desnudez deja de ser de la ropa y nos encuentra con todas nuestras inseguridades al descubierto. Tan humanos, tan imperfectos, tan deliciosamente ridículos.

Pienso en detener el tiempo, aunque es una injusticia para todas las cosas que quiero hacer contigo. Pienso en hacer historia, una a tu lado (aunque algunas de nuestras hazañas jamás deberían aparecer en los libros).

Y entonces callo.

Sonrío.

Te miro como se mira una epifanía que acaba de cometer un pecado y no tiene la menor intención de arrepentirse.

Y recuerdo el mito del pulpo y el cocodrilo, luchando en ese mar de sábanas hasta el amanecer.

─ Y tú, ¿Qué piensas? ─digo.




Twitter: Owiruame

jueves, 15 de octubre de 2026

Las letras

Las letras son mi refugio, otras mi escape… y, de vez en cuando, mi coartada para meterme donde nadie me ha llamado.

Gracias a ellas conocí mundos que no aparecen en los mapas, conversé con sabios que llevan siglos muertos y comprendí un poco mejor la soledad humana (aunque sigo sin entender por qué nos empeñamos tanto en complicarnos la existencia).

También me encontré conmigo mismo, conversé con mis fantasmas y descubrí que hay espejos en los que más vale no asomarse.

Las letras me han regalado amores, pasión y poesía. Me han arrancado lágrimas, risas, suspiros y una que otra prenda (no necesariamente en ese orden).

Por eso las colecciono, por eso las atesoro… y quizá por eso las regalo a quienes amo, deseo o simplemente no consigo sacarme de la cabeza.

Algunos ven mis letras tiradas por ahí, como si no tuvieran dueño. No saben que todas tienen nombre, apellido y, algunas, hasta día de la semana. Hay letras de sábado que todavía saben a pecado, y otras de lunes que nunca aprendieron a quedarse.

Otros se las atribuyen, se las roban, se las llevan. ¡Pobres! No saben que mis letras pueden cambiar de manos, pero no de destinatario. Una vez que llegan a quién fueron dedicadas, no son mías. Y hay algunas que (estoy seguro), todavía saben cómo acariciar.

Mis letras me siguen a casa, me acompañan por la calle y se meten conmigo en la cama. A veces me dejan dormir… A veces, me despiertan a deshoras para recordarme nombres que sería prudente olvidar (pero nunca he sido prudente).

Con ellas he dibujado musas y diosas… Algunas han tenido el descaro de materializarse, besarme y demostrarme que pueden ser carne y no sólo tinta. 

Ojalá que las letras nunca me falten para nombrar lo que amo, lo que deseo y lo que todavía me atrevo a imaginar.

Y cuando ya no esté, espero que alguna de mis letras siga provocando una sonrisa, deseo o por lo menos un recuerdo inconveniente.

Porque a fin de cuentas, no escribo para que me recuerde todo el mundo... Me basta con que ciertas personas, al leerme, todavía sientan que les hablo al oído.



Twitter: Owiruame

lunes, 12 de octubre de 2026

Los deseosos

(Porque a veces leo a Sabines pero le soy fiel a las copas… de la C en delante)

Los deseosos no callan.
A veces guardan silencio,
pero es porque están imaginando
cosas que no conviene decir (sólo escribirlas).

Los deseosos miran.
¡Y vaya que miran!
No como quien contempla un paisaje,
sino como quien reconoce una geografía donde quisiera perderse
sin necesidad de pedir indicaciones.

Los deseosos no buscan su media naranja.
¡Qué estupidez!
Buscan a alguien completo
que sepa quitarles la solemnidad,
que les desordene la cama
(y un poco las certezas).

Los deseosos son unos condenados.
Se pasan la vida fingiendo compostura,
hablando de política, de pedagogía, de poesía,
mientras debajo de la conversación
corre otra conversación mucho menos académica.

Los deseosos conocen la diferencia entre mirar y tocar,
entre querer y poder,
entre una fantasía compartida y una invasión.
No siempre fueron sabios.
Algunos aprendieron tarde, otros a besos,
y unos cuantos todavía confunden el deseo con el derecho.
(Esos no son deseosos. Son pendejos).

Los deseosos se encuentran en habitaciones donde el reloj pierde toda autoridad.
Los deseosos tienen hambre.
De muslos, de lenguas, de caricias,
de conversaciones obscenas
y de esa deliciosa complicidad
que comienza con un “¿quieres?”
y termina con un “Hasta la próxima”.

Los deseosos ríen.
Porque no hay nada más ridículo que dos adultos intentando conservar la dignidad
cuando ya han decidido perder la compostura.
Se equivocan de botones,
se enredan con las sábanas,
se golpean accidentalmente con la cabecera,
y descubren que la risa también puede ser una forma de intimidad.

Los deseosos tienen memoria...
Recuerdan un perfume en una escalera,
una mirada sostenida medio segundo de más,
una voz que cambió de tono para decir cualquier tontería.
Recuerdan la primera vez que alguien les dijo que también los deseaba.
No porque fuera una declaración trascendental,
sino porque, por un instante, dejaron de sentirse solos
en aquella imaginación desobediente.

Los deseosos envejecen.
Les crece la barriga,
les duelen las rodillas,
se les cae el pelo
(y ganan una curiosa habilidad para quedarse dormidos
en los momentos menos heroicos).

Pero no pierden necesariamente el deseo.
Sólo aprenden que la prisa suele ser mala consejera
y que un cuerpo no es hermoso porque se parezca a una fotografía,
sino porque está vivo,
porque siente,
porque responde,
porque tiene historias escritas donde otros sólo ven arrugas.

Los deseosos son herejes.
Desconfían de quienes hablan de moral
como si hubieran recibido la administración exclusiva de todos los cuerpos del universo.
Los deseosos saben que el infierno no está entre las piernas.
Está en pasar una vida entera avergonzándose de estar vivo.

Los deseosos también se enamoran.
Salen buscando un cuerpo
y terminan preocupándose
por si el otro tuvo un buen día.

Los deseosos saben que todo termina.
Las erecciones, las noches, los encuentros,
las promesas y hasta las ganas…Pero insisten.
Porque desear es una forma
de mandarle a la muerte
una fotografía obscena
con una dedicatoria: “Todavía estoy vivo, hija de puta”.

Y cuando amanece,
recogen sus calzones,
sus contradicciones
y sus afectos desparramados.

Unos se quedan, otros se marchan… Otros se besan sin prometer nada.
Los deseosos no quieren salvar al amor,
Quieren morder la vida,
lamerle las heridas,
desnudarle las certezas
y hacerla gemir de alegría.

Porque la vida es breve,
la muerte es segura
y la cama (o el sofá), afortunadamente,
todavía tiene espacio.
Amén (y que cada quien se haga responsable de sus pecados favoritos).



Twitter: Owiruame

jueves, 8 de octubre de 2026

diosas

Tengo tres diosas (a quienes adoro).

Una sostiene el tiempo: lo amarra, lo cuida, lo vuelve hogar.  
Otra lo incendia: cuestiona, empuja, desordena.  
La tercera lo extravía: juega, provoca, abre caminos que no sabía que existían.

No elegí entre ellas (sería la muerte).  
Aprendí a arder sin dejar de permanecer.  
Y a perderme sin necesidad de estar perdido.

La diosa de mis tiempos me conoce en versiones completas  
(incluso las que yo negaba).  
La de mis herejías me nombra en borrador  
(y me provoca a reescribirme).  
La de mis desvaríos me descubre entre líneas  
(y me invita a escribir lo que todavía no imagino).

Una me dice «quédate».  
Otra, «atrévete».  
La tercera, «¿y si...?».

(Y en esa conversación… soy más verdad).

No son opuestas (aunque a veces lo parezcan).  
Tampoco son mitades de algo que me falta.  
Son mujeres enteras, con sus propios mundos,  
sus certezas, sus dudas y sus maneras de amar.

Una es la historia que seguimos construyendo.  
Otra, la rebelión que me obliga a cuestionarla.  
La tercera, el desvarío que me recuerda  
que todavía quedan historias por vivir.

Las honro distinto  
(con el mismo cuerpo y distintas letras).  
No porque sean iguales,  
sino porque ninguna es intercambiable.

No les pido que sean eternas  
(ni que prometan lo imposible).  
Quiero encontrarlas libres,  
sabiendo que pueden irse  
y celebrando que elijan quedarse.

Porque hay amores que se quedan,  
otros que te enseñan a no quedarte igual…  
y algunos que llegan para recordarte  
que todavía puedes sorprenderte.

Tengo tres diosas (a quienes adoro).  
Y si alguna vez me preguntan en qué creo,  
no hablaré de templos ni de milagros.

Hablaré de ellas.  
De lo que hemos sido,  
de lo que estamos siendo  
y de todo aquello que aún no sabemos.

(La fe, después de todo, también es una forma de incertidumbre).


Twitter: Owiruame

sábado, 3 de octubre de 2026

criatura

Yo conocí a la criatura cuando apenas había nacido.  Era un animal salvaje: ojos de furia, dientes hambrientos, merodeadora, acechante…

Dicen que nació de una herida. Yo digo que nació del dolor, porque no había otra forma de (sobre)vivir en su mundo.

Todavía no sé cómo llegó hasta mí. Algunos dirán que me reconoció como su igual; otros, que simplemente me vio como presa.

Lo que sé (porque lo he visto) es que tiene un corazón de jade y obsidiana: vida y muerte, eros y tánatos. Pero ¿no es esa, la lucha que todos llevamos por dentro?

La miré a los ojos. No con terror. Tampoco con esa absurda necesidad humana de domesticar todo lo que nos asusta.  La miré con fascinación.  No podía creer que una criatura tan magnífica decidiera seguir mis pasos.

Y yo, que soy adorador de cultos atávicos, de dioses antiguos y de aquello que no termina de caber en la razón, la nombré diosa de mis desvaríos.

No para adorarla desde lejos.
No para ponerla en un altar como algo sagrado e intocable.
Sino para caminar a su lado.

He aprendido que todavía muerde (y a veces gruñe incluso cuando acaricia). Que conoce demasiado bien los caminos oscuros y que, cuando siente peligro, vuelve a enseñar los dientes.

Pero también he visto a la criatura reír.  La he visto bajar la guardia por unos instantes, quedarse quieta, mostrar el vientre y ser vulnerable para recibir una caricia.

Y entonces entiendo:
Yo no quiero salvarla. Mucho menos domesticarla.
Quiero conocerla entera.

Con su jade y su obsidiana. La mujer y la criatura. Sus heridas, sus dientes, sus carcajadas y esa forma suya de incendiar las cosas.

Porque hay personas que llegan a nuestra vida para darnos paz.
Y otras que llegan para recordarnos que estamos vivos.


Twitter: Owiruame

viernes, 2 de octubre de 2026

Herejías

Hay mujeres que provocan ternura y otras que provocan hambre. Tú, para mi desgracia, aprendiste a provocar ambas. Y aquí estoy: queriendo cuidarte como si fueras plegaria y desearte como si fueras pecado. Mala combinación para un hombre con tan poca vocación de santo.

No sé en qué momento dejaste de ser sólo una preguntona y comenzaste a parecerme una posibilidad. Tal vez fue esa sonrisa o tu manera de leerme… O tal vez soy sólo yo inventándome pretextos para provocarme como tu me provocas.

Tengo ganas de ti (así, sin metáfora que me salve). Aunque luego vengan las letras a ponerle flores al deseo. Amo tu cercanía (y tu distancia), amo tu voz y ese pequeño caos que haces cuando vienes… y el deseo que despiertas cuando te vas. 

Algunas leen esto con ciertas atribuciones (que cada quien cargue con su propia culpa).  Pero tú conoces ciertas palabras... Sabes cuándo mi blasfemia lleva tu nombre y cuándo el hereje sonríe mientras la escribe.

Si todavía creyera en los cielos, seguramente me prohibirían pensarte así. Qué bueno que mis dioses son menos solemnes: entienden de piel, de hambre y de deseo. Y saben que algunas mujeres no llegan para salvarnos... Llegan para enseñarnos a disfrutar la condena.



Twitter: Owiruame

jueves, 27 de agosto de 2026

Ella era Tauro

Nunca entendí por qué aceptó tomar café conmigo.  Creía en señales, canciones oportunas y milagros pequeños.

Yo creía en el café negro y en que nadie se va de este mundo sin pagar la cuenta.

Hablábamos de cualquier cosa. Terminábamos hablando del destino. Yo hacía chistes para no parecer impresionable. Ella respondía con una fecha, un símbolo, una carta imaginaria o un número que, según decía, siempre estaba esperando a alguien.

Una tarde tomó mi mano.
No para acariciarla.
Para leerla.

Frunció un poco el ceño, como quien encuentra una errata en un manuscrito antiguo.

No tienes mala suerte —dijo. Tienes una extraña habilidad para enamorarte de los laberintos.

Me reí.  Hay frases que uno se ríe sólo para retrasar el momento en que empiezan a doler.

Nunca intentó convencerme de nada. Sólo me dijo: "Todavía puedes ser mejor".

Qué frase tan peligrosa.

Hay hombres que prefieren perder un amor antes que perder el personaje que construyeron.

Yo era uno de esos.

Las personas realmente tercas no discutimos, simplemente esperamos. Como los árboles. Como las montañas. Como ciertas verdades que se sientan a fumar mientras uno termina de hacerse pendejo.

Desde entonces, cuando preguntan qué pasó, sólo digo: "Ella era Tauro… y yo llevaba demasiados años actuando de cabrón".

Twitter: Owiruame

sábado, 1 de agosto de 2026

sábado

Sábado ─ dices. Como si la palabra misma hiciera la magia. (y claro, como desde el principio de los tiempos, es cuestión de fe). Una fe sagrada donde te creo y donde me crees, y ambos estamos dispuestos a ser un sacrificio en el altar de los desvaríos, dispuestos a arder hasta los huesos, consumidos por la entrega mutua. 

¡Qué cabrón! ─ piensas. Y sí, un cabrón que reescribe historias sólo por alcanzar tu mirada, esa mirada que descubrió el lenguaje que era para la criatura, pero, sobre todo, letras que hurgaron en la carne hasta encontrar su corazón.

Porque hay cuerpos desnudos de ropa,
y luego estamos nosotros:
arrancándonos las metáforas una por una
hasta quedar expuestos en la respiración del otro.
Qué indecente resulta una mujer
que sabe pronunciar tu nombre
como si cada sílaba encontrara un lugar distinto bajo la piel.

No sé qué dios inventó el deseo,
pero debió hacerlo un sábado,
(y luego puso como pretexto que había de descansar).
Desde entonces escribo para acercarme a tu boca,
y tu boca lee como si cada palabra mereciera ser mordida.
Así termina toda herejía:
tú creyendo en mis manos,
yo creyendo en tu hambre,
y el mundo, por un instante, incapaz de distinguir
si estamos haciendo poesía
o cometiéndola.


Twitter: Owiruame

jueves, 23 de julio de 2026

Nunca me dijo que era capricornio

Nunca me dijo que era Capricornio.  Lo descubrí porque hacía preguntas como quien levanta una auditoría buscando el error más pequeño.

—¿Cuál fue la última vez que mentiste?
—Hace cinco minutos.
Sonrió.

Ahí debí salir corriendo. En vez de eso le invité otro whisky.

Hay personas que besan.  Ella llegaba hasta el alma entre labios, saliva y aliento.

Lo nuestro terminó el día que ya no tuvo nada nuevo que descubrir.  Los enigmas también caducan y yo era un libro abierto, de los que se colorean... con crayones.

Lo peor es que, a cierta distancia, mis letras hacían muy buena publicidad.  De cerca, en cambio, se notaba que las páginas ya venían rayadas.


Twitter: Owiruame

domingo, 12 de julio de 2026

credo hereje

Creo en dios, no como un rey, ni como padre o madre, ni como juez,
sino como la única realidad de la que todo es y fuera de la cual nada existe.

Creo que las estrellas, las bacterias,
los árboles, los perros,
los errores humanos,
las galaxias y mis propios pensamientos
son distintas expresiones de una misma sustancia infinita.

No creo que el universo haya sido creado para nosotros.
Creo, en cambio, que nosotros somos una manera fugaz en la que el universo llega a contemplarse a sí mismo.

No creo en el pecado original.
Creo en la ignorancia, en el miedo…
y en las cadenas que fabricamos cuando dejamos de pensar.

No temo al infierno.  Le temo a una vida vivida sin curiosidad.

Creo que la serpiente hizo una excelente pregunta.
Y sigo pensando que casi todos nuestros problemas comenzaron cuando dejamos de hacer preguntas e imponer dogmas.

Confieso que he adorado ídolos:
certezas,
banderas,
doctrinas
y hasta mis propias ideas.
De todas ellas intento convertirme cada día.

Creo que la razón es una brújula,
pero también que necesita de la curiosidad
para no convertirse en soberbia.

Confieso sólo un sacramento:  cambiar de opinión cuando la evidencia lo exige.

Creo en la comunión de los curiosos,
en la santa duda compartida
y en el perdón de quienes alguna vez estuvieron seguros de tener razón.

Creo en la resurrección cada vez que abandono una certeza.

Creo que amar
es aumentar la potencia de existir del otro sin convertirlo en propiedad.

Creo que enseñar
es uno de los actos más sagrados,
porque multiplica la libertad
sin exigir obediencia.

Creo que ninguna escritura es infalible,
ningún profeta definitivo,
ninguna inteligencia posee la última palabra.
Toda idea merece ser escuchada,
y toda idea puede ser contradicha.

Espero muy poco de otra vida.
Espero mucho de ésta.

No anhelo un cielo.
Aspiro a comprender un poco más el mundo
antes de volver a él.

Y cuando mi cuerpo deje de existir,
no esperaré juicio alguno.
Volveré, simplemente,
a aquello de donde nunca salí.

Porque polvo de estrellas fui, igual que polvo de la tierra soy, y volveré a ser en la lluvia, en el musgo, el ala de un cuervo o la risa de un niño.

Amén.

O, si la herejía lo permite:

Así es.


Twitter: Owiruame

jueves, 9 de julio de 2026

libertad

La libertad nunca llega sola, trae daños colaterales: Primero te corta la fe, luego el miedo y al final las manos con las que te aferrabas a tu jaula.

Probé vivir como el animal que aún me respira. Sin permisos. Sin teorías. El deseo no absuelve a nadie... apenas te deja cicatrices con olor a verdad.

Después amé. Y descubrí que hasta el amor más libre pone vasos en la mesa que no deben romperse. Toda libertad compartida sangra un poco por los acuerdos.

Ahora persigo una libertad más sucia: la que no le reza a ningún dios, no se esconde de su hambre y no convierte un abrazo en una cadena. Si existe, solo quiero lanzarme a ese abismo.


Twitter: Owiruame

miércoles, 8 de julio de 2026

artífice

Hoy me llamaron artífice (me hizo ruido).
Yo sólo revuelvo el desastre: palabras, silencios, cicatrices, personas...
y a veces sale algo que respira, late, arde.

Desconfío de quienes presumen respuestas.
Prefiero las preguntas que (te) desordenan la cama, la cabeza, el aula o la vida.
Ahí suele comenzar lo que realmente vale la pena.

No construyo verdades.
Apenas remiendo grietas con letras, pedagogía, pensamientos, herramientas, dudas
y esa necia costumbre que tengo de creer que (casi) todo puede reinventarse.

Si soy artífice de algo, será de preguntas incómodas,
de desobediencias pequeñas,
de incendios discretos,
de paréntesis inesperados...
de (im)probabilidades.
El resto siempre ha sido terquedad.


Twitter: Owiruame

lunes, 26 de enero de 2026

abrazarte

Soñar contigo ya es cosa seria,
pero abrazarte
(escribirlo en la piel y no sólo en mi cabeza)
es saber que hay pulso y frontera,
ensayo y riesgo,
cuerpo y hambre.

Mis brazos no son refugio,
son territorio abierto:
no idealizan no salvan,
apenas sostienen lo que decide no dormirse.
Y si cabes en mis sueños
(con tu curiosidad afilada,
esa forma tuya de mirar
y preguntar),
entonces cabes aquí,
donde el pulso no miente.

Cabes en mis sueños
porque no pides permiso:
entras como pregunta
(y te quedas como duda)
que no quiero resolver,
sólo seguir.
Cabes en mis brazos
porque el hambre es mucha
y la vida, corta.

Twitter: Owiruame

jueves, 22 de enero de 2026

incendio


Eres un incendio.
No eres metáfora.
Eres fuego
(sin advertencia ni aviso).

Fuego (que devora) sin piedad:
me derrites en un instante
o me tienes pegado a la brasa,
sudando, temblando, deseando más.

Aquí no se quedan los tibios.
Los cobardes miran (de lejos)
y luego inventan moralejas.

A veces acoges algo frágil,
como un cervatillo
(no por ternura)
pero sólo para devorarlo
mejor después.

Te han dibujado mil veces
(a veces sin errores):
fuego, desastre, promesa…
entienden que arrasas
y consumes
mientras alumbras.

A mí me templas.
Me raspas lo correcto.
Me quemas.
No quiero salir ileso.
Quiero arder sin redención,
(sin discurso).

No quiero salvarme.
Quiero hundirme,
quiero que me atraviesen tus llamas,
que me despojes de todo.

Quiero fenecer
(o arder)
dentro de lo único
que nunca prometió salvarme...
Y sin embargo, lo has hecho
(incluso de mí).
Twitter: Owiruame

el gesto

Te miro
con la única cara que tengo:
la del idiota (lúcido)
que cayó
porque quiso.

Me miras.
Te recompones.
Te acuerdas del mundo,
de la postura,
de ese papel que ensayas tan bien 
(Casi a salvo).

Pero antes:
(lo vi, no finjas)
ese microsegundo
en el que bajas la guardia,
ese error hermoso
que no le regalas
a nadie más.

Ahí,
en la comisura de tus labios
descubro la verdad incómoda:
sí, yo caí en tus hechizos
como caen los necios
(y los valientes).

Pero hay algo de ti
(pequeño,
insolente,
irrepetible)
Eso no es inocencia.
Es tentación mal disimulada.

Y no,
no es romance,
ni promesa,
ni futuro.
Es peor.
Es saber
que hay una parte de ti
que ya me pertenece:

Eso.
Ese gesto exacto.
Es sólo mío.
Twitter: Owiruame

lunes, 8 de diciembre de 2025

devoción

A veces pienso que tus culpas
son sólo deudas (heredadas),
reglas que te piden ser “perfecta”
mientras tu voz derrama verdades sin permiso.

Yo te escucho decir que bebiste (hasta perderte),
y no sé si fue el alcohol
o ese cansancio de sostener el mundo
con tu fragilidad que también es fuerza.

Y mientras hablas de ser inmaculada
yo miro tu bohemia como se mira una grieta luminosa:
con devoción,
sin exigir nada,
y con unas inmensas ganas de beber(te),
como quien sediento busca
ese trago que salva y que condena.

Porque sí, musa,
cuando te leo artista maldita
algo en mí quiere brindar por tu caos,
aunque (no) sé si mi fuego es poco
y tus noches merecen otra clase de incendio.



Twitter: Owiruame

viernes, 28 de noviembre de 2025

querer bonito

Cualquier tarde de viernes del año en curso.

A quien corresponda
(o a quien no se ha dado cuenta):

Por medio de la presente, me postulo para el puesto de quererte bonito.
No tengo títulos, credenciales ni diplomas colgados en la sala
(solo tengo oídos que saben escuchar sin corregir la vida ajena 
y brazos que entienden cuando vibra la piel).

Experiencia comprobable:
he abrazado naufragios sin pedir salvavidas,
he escrito poemas que nadie pidió
y mensajes que llegaron tarde pero salvaron un día gris.
No arreglo vidas (ni quiero),
pero acompaño hasta que duele menos.

Ofrezco beneficios:
mirar la luna mientras hablamos de cualquier tontería,
cumplir antojos indecentes o ridículos
(con gusto y sin facturar).

En resumen:
sé quedarme.
Aunque a veces (me) rompa.
Aunque a veces parezca ausencia, soy silencio.

Puedes pedir referencias:
la luna,
un par de ex rotas (y vueltas a pegar)
y cualquier madrugada que haya sobrevivido conmigo.

Atentamente,
Estoy…
para cualquier turno de ternura (o calentura) accidental.



Twitter: Owiruame

lunes, 24 de noviembre de 2025

vivir duele

Y qué.
No hay premio por aguantar,
ni público aplaudiendo
(la mayoría voltea la cara y finge que no sangras).


Duele abrir los ojos y saber que sigues aquí,
con los mismos problemas,
las mismas derrotas en doble fila
(los mismos fantasmas con cuentas pendientes).


Duele la claridad.
Esa pinche claridad cuando sólo quieres dormir,
cuando todo sería más fácil con un botón de apagado
(o al menos reiniciar sin guardar cambios).


Pero (y no es esperanza barata)
duele porque estamos vivos.
Porque aún importa, aunque sea un poco.
Porque no nos rendimos del todo,
aunque ya escribimos esa última carta cien veces.


Y aun así seguimos.
Por instinto.
Por necedad.
Por esa absurda fe de que quizá mañana
duela tantito menos
(y brindemos por seguir aquí,
aunque sea con tequila barato).


Vivir duele.
Pero el amor sigue vivo.
Y eso,
(ya) es un pinche poema.


Twitter: Owiruame

viernes, 17 de octubre de 2025

diosa cubierta de hormigas

Hoy la miro,
hermosa y cansada,
como si el mundo la hubiera querido demasiado.

Brilla,
pero es un brillo quieto,
como una lámpara encendida sin testigos… una voz lejana, un eco.

Dice que no puede crear,
que sus letras están dormidas
y su cuerpo es una casa donde los relojes se niegan a dar la hora.

Las hormigas la recorren,
pequeñas, dulces, obstinadas,
como si quisieran despertarla, devolverle el pulso…
lamiendo su piel con la paciencia de una eucaristía de azúcar y sal.

Ella las deja hacer,
tal vez por cansancio,
tal vez por fe:  espera que le devuelvan algo (el pulso, el fuego, la rabia)
o simplemente no tiene fuerzas para espantarlas.

Y yo, que la adoro,
sólo miro cómo el milagro se erosiona poco a poco,
entendiendo que incluso la belleza necesita dormir.

Twitter: Owiruame