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sábado, 1 de agosto de 2026

sábado

Sábado ─ dices. Como si la palabra misma hiciera la magia. (y claro, como desde el principio de los tiempos, es cuestión de fe). Una fe sagrada donde te creo y donde me crees, y ambos estamos dispuestos a ser un sacrificio en el altar de los desvaríos, dispuestos a arder hasta los huesos, consumidos por la entrega mutua. 

¡Qué cabrón! ─ piensas. Y sí, un cabrón que reescribe historias sólo por alcanzar tu mirada, esa mirada que descubrió el lenguaje que era para la criatura, pero, sobre todo, letras que hurgaron en la carne hasta encontrar su corazón.

Porque hay cuerpos desnudos de ropa,
y luego estamos nosotros:
arrancándonos las metáforas una por una
hasta quedar expuestos en la respiración del otro.
Qué indecente resulta una mujer
que sabe pronunciar tu nombre
como si cada sílaba encontrara un lugar distinto bajo la piel.

No sé qué dios inventó el deseo,
pero debió hacerlo un sábado,
(y luego puso como pretexto que había de descansar).
Desde entonces escribo para acercarme a tu boca,
y tu boca lee como si cada palabra mereciera ser mordida.
Así termina toda herejía:
tú creyendo en mis manos,
yo creyendo en tu hambre,
y el mundo, por un instante, incapaz de distinguir
si estamos haciendo poesía
o cometiéndola.


Twitter: Owiruame

jueves, 23 de julio de 2026

Nunca me dijo que era capricornio

Nunca me dijo que era Capricornio.  Lo descubrí porque hacía preguntas como quien levanta una auditoría buscando el error más pequeño.

—¿Cuál fue la última vez que mentiste?
—Hace cinco minutos.
Sonrió.

Ahí debí salir corriendo. En vez de eso le invité otro whisky.

Hay personas que besan.  Ella llegaba hasta el alma entre labios, saliva y aliento.

Lo nuestro terminó el día que ya no tuvo nada nuevo que descubrir.  Los enigmas también caducan y yo era un libro abierto, de los que se colorean... con crayones.

Lo peor es que, a cierta distancia, mis letras hacían muy buena publicidad.  De cerca, en cambio, se notaba que las páginas ya venían rayadas.


Twitter: Owiruame

sábado, 18 de julio de 2026

el día que te vea

El día que te vea, te besaré impaciente, con esa hambre caníbal de la espera infinita... Sólo haré una pausa para mirarte a los ojos y saber que tus ojos confiesan (sin culpa) que eres mía.

El día que te bese, recorreré con calma la línea de tu espalda que guía hacia el deseo... sabiendo que tu hambre me espera (obediente) para que yo le ordene abandonar la pausa. 

Entonces, sin distancia, seremos presa y trampa, juego y descaro... sólo un par de animales (con nombre de persona) habitando la noche. 

Y en lugar del silencio de un crimen compartido sin confesión ni culpa, diré una tontería (por romper el silencio). Porque a estas alturas no seré más sabio... pero sí más honesto. 

Y volveré a besarte con la calma infinita de quien toca las últimas páginas del libro (y lee más despacio). Sabiendo que se acaba... pero esperando un epílogo y nunca un final. 


Twitter: Owiruame

domingo, 12 de julio de 2026

credo hereje

Creo en dios, no como un rey, ni como padre o madre, ni como juez,
sino como la única realidad de la que todo es y fuera de la cual nada existe.

Creo que las estrellas, las bacterias,
los árboles, los perros,
los errores humanos,
las galaxias y mis propios pensamientos
son distintas expresiones de una misma sustancia infinita.

No creo que el universo haya sido creado para nosotros.
Creo, en cambio, que nosotros somos una manera fugaz en la que el universo llega a contemplarse a sí mismo.

No creo en el pecado original.
Creo en la ignorancia, en el miedo…
y en las cadenas que fabricamos cuando dejamos de pensar.

No temo al infierno.  Le temo a una vida vivida sin curiosidad.

Creo que la serpiente hizo una excelente pregunta.
Y sigo pensando que casi todos nuestros problemas comenzaron cuando dejamos de hacer preguntas e imponer dogmas.

Confieso que he adorado ídolos:
certezas,
banderas,
doctrinas
y hasta mis propias ideas.
De todas ellas intento convertirme cada día.

Creo que la razón es una brújula,
pero también que necesita de la curiosidad
para no convertirse en soberbia.

Confieso sólo un sacramento:  cambiar de opinión cuando la evidencia lo exige.

Creo en la comunión de los curiosos,
en la santa duda compartida
y en el perdón de quienes alguna vez estuvieron seguros de tener razón.

Creo en la resurrección cada vez que abandono una certeza.

Creo que amar
es aumentar la potencia de existir del otro sin convertirlo en propiedad.

Creo que enseñar
es uno de los actos más sagrados,
porque multiplica la libertad
sin exigir obediencia.

Creo que ninguna escritura es infalible,
ningún profeta definitivo,
ninguna inteligencia posee la última palabra.
Toda idea merece ser escuchada,
y toda idea puede ser contradicha.

Espero muy poco de otra vida.
Espero mucho de ésta.

No anhelo un cielo.
Aspiro a comprender un poco más el mundo
antes de volver a él.

Y cuando mi cuerpo deje de existir,
no esperaré juicio alguno.
Volveré, simplemente,
a aquello de donde nunca salí.

Porque polvo de estrellas fui, igual que polvo de la tierra soy, y volveré a ser en la lluvia, en el musgo, el ala de un cuervo o la risa de un niño.

Amén.

O, si la herejía lo permite:

Así es.


Twitter: Owiruame

jueves, 9 de julio de 2026

libertad

La libertad nunca llega sola, trae daños colaterales: Primero te corta la fe, luego el miedo y al final las manos con las que te aferrabas a tu jaula.

Probé vivir como el animal que aún me respira. Sin permisos. Sin teorías. El deseo no absuelve a nadie... apenas te deja cicatrices con olor a verdad.

Después amé. Y descubrí que hasta el amor más libre pone vasos en la mesa que no deben romperse. Toda libertad compartida sangra un poco por los acuerdos.

Ahora persigo una libertad más sucia: la que no le reza a ningún dios, no se esconde de su hambre y no convierte un abrazo en una cadena. Si existe, solo quiero lanzarme a ese abismo.


Twitter: Owiruame

miércoles, 8 de julio de 2026

artífice

Hoy me llamaron artífice (me hizo ruido).
Yo sólo revuelvo el desastre: palabras, silencios, cicatrices, personas...
y a veces sale algo que respira, late, arde.

Desconfío de quienes presumen respuestas.
Prefiero las preguntas que (te) desordenan la cama, la cabeza, el aula o la vida.
Ahí suele comenzar lo que realmente vale la pena.

No construyo verdades.
Apenas remiendo grietas con letras, pedagogía, pensamientos, herramientas, dudas
y esa necia costumbre que tengo de creer que (casi) todo puede reinventarse.

Si soy artífice de algo, será de preguntas incómodas,
de desobediencias pequeñas,
de incendios discretos,
de paréntesis inesperados...
de (im)probabilidades.
El resto siempre ha sido terquedad.


Twitter: Owiruame

lunes, 26 de enero de 2026

abrazarte

Soñar contigo ya es cosa seria,
pero abrazarte
(escribirlo en la piel y no sólo en mi cabeza)
es saber que hay pulso y frontera,
ensayo y riesgo,
cuerpo y hambre.

Mis brazos no son refugio,
son territorio abierto:
no idealizan no salvan,
apenas sostienen lo que decide no dormirse.
Y si cabes en mis sueños
(con tu curiosidad afilada,
esa forma tuya de mirar
y preguntar),
entonces cabes aquí,
donde el pulso no miente.

Cabes en mis sueños
porque no pides permiso:
entras como pregunta
(y te quedas como duda)
que no quiero resolver,
sólo seguir.
Cabes en mis brazos
porque el hambre es mucha
y la vida, corta.

Twitter: Owiruame

jueves, 22 de enero de 2026

incendio


Eres un incendio.
No eres metáfora.
Eres fuego
(sin advertencia ni aviso).

Fuego (que devora) sin piedad:
me derrites en un instante
o me tienes pegado a la brasa,
sudando, temblando, deseando más.

Aquí no se quedan los tibios.
Los cobardes miran (de lejos)
y luego inventan moralejas.

A veces acoges algo frágil,
como un cervatillo
(no por ternura)
pero sólo para devorarlo
mejor después.

Te han dibujado mil veces
(a veces sin errores):
fuego, desastre, promesa…
entienden que arrasas
y consumes
mientras alumbras.

A mí me templas.
Me raspas lo correcto.
Me quemas.
No quiero salir ileso.
Quiero arder sin redención,
(sin discurso).

No quiero salvarme.
Quiero hundirme,
quiero que me atraviesen tus llamas,
que me despojes de todo.

Quiero fenecer
(o arder)
dentro de lo único
que nunca prometió salvarme...
Y sin embargo, lo has hecho
(incluso de mí).
Twitter: Owiruame

el gesto

Te miro
con la única cara que tengo:
la del idiota (lúcido)
que cayó
porque quiso.

Me miras.
Te recompones.
Te acuerdas del mundo,
de la postura,
de ese papel que ensayas tan bien 
(Casi a salvo).

Pero antes:
(lo vi, no finjas)
ese microsegundo
en el que bajas la guardia,
ese error hermoso
que no le regalas
a nadie más.

Ahí,
en la comisura de tus labios
descubro la verdad incómoda:
sí, yo caí en tus hechizos
como caen los necios
(y los valientes).

Pero hay algo de ti
(pequeño,
insolente,
irrepetible)
Eso no es inocencia.
Es tentación mal disimulada.

Y no,
no es romance,
ni promesa,
ni futuro.
Es peor.
Es saber
que hay una parte de ti
que ya me pertenece:

Eso.
Ese gesto exacto.
Es sólo mío.
Twitter: Owiruame

lunes, 8 de diciembre de 2025

devoción

A veces pienso que tus culpas
son sólo deudas (heredadas),
reglas que te piden ser “perfecta”
mientras tu voz derrama verdades sin permiso.

Yo te escucho decir que bebiste (hasta perderte),
y no sé si fue el alcohol
o ese cansancio de sostener el mundo
con tu fragilidad que también es fuerza.

Y mientras hablas de ser inmaculada
yo miro tu bohemia como se mira una grieta luminosa:
con devoción,
sin exigir nada,
y con unas inmensas ganas de beber(te),
como quien sediento busca
ese trago que salva y que condena.

Porque sí, musa,
cuando te leo artista maldita
algo en mí quiere brindar por tu caos,
aunque (no) sé si mi fuego es poco
y tus noches merecen otra clase de incendio.



Twitter: Owiruame

viernes, 28 de noviembre de 2025

querer bonito

Cualquier tarde de viernes del año en curso.

A quien corresponda
(o a quien no se ha dado cuenta):

Por medio de la presente, me postulo para el puesto de quererte bonito.
No tengo títulos, credenciales ni diplomas colgados en la sala
(solo tengo oídos que saben escuchar sin corregir la vida ajena 
y brazos que entienden cuando vibra la piel).

Experiencia comprobable:
he abrazado naufragios sin pedir salvavidas,
he escrito poemas que nadie pidió
y mensajes que llegaron tarde pero salvaron un día gris.
No arreglo vidas (ni quiero),
pero acompaño hasta que duele menos.

Ofrezco beneficios:
mirar la luna mientras hablamos de cualquier tontería,
cumplir antojos indecentes o ridículos
(con gusto y sin facturar).

En resumen:
sé quedarme.
Aunque a veces (me) rompa.
Aunque a veces parezca ausencia, soy silencio.

Puedes pedir referencias:
la luna,
un par de ex rotas (y vueltas a pegar)
y cualquier madrugada que haya sobrevivido conmigo.

Atentamente,
Estoy…
para cualquier turno de ternura (o calentura) accidental.



Twitter: Owiruame

viernes, 7 de noviembre de 2025

un montón

Oye, me gustas.
Un montón.
De ese “montón” que ya huele a problema.

Pero no quiero que confundas gusto con intención.
No ando buscando abrir un frente de batalla disfrazado de historia romántica.
Soy pacifista y amo la comuna hippie.

No es que no quiera, ni que no pueda.
Es sólo que entendí que las relaciones no se siembran con “ganas”;
se cultivan con tiempo, paciencia y un poco de demencia.
Y yo tengo lo primero (y no me falta lo demás),
pero a veces —para algunas personas— no alcanza.

Además, no quiero que te asustes.
Ni que un día despiertes pensando que lo mío no fue suficiente.
Porque a veces lo que ofrezco parece amor (y a veces lo es),
pero viene con advertencias,
como esas cajas que dicen “frágil” y nadie lee.

Podemos ser amigos.
Buenos amigos.
Con risas, mensajes fuera de hora,
complicidad
y ese casi algo que no se nombra.

Pero amor romántico, no.
Esa ya es otra historia.
Y hace rato que dejé de contar esos cuentos…
aunque me llamen Cuentero.


Twitter: Owiruame

viernes, 17 de octubre de 2025

diosa cubierta de hormigas

Hoy la miro,
hermosa y cansada,
como si el mundo la hubiera querido demasiado.

Brilla,
pero es un brillo quieto,
como una lámpara encendida sin testigos… una voz lejana, un eco.

Dice que no puede crear,
que sus letras están dormidas
y su cuerpo es una casa donde los relojes se niegan a dar la hora.

Las hormigas la recorren,
pequeñas, dulces, obstinadas,
como si quisieran despertarla, devolverle el pulso…
lamiendo su piel con la paciencia de una eucaristía de azúcar y sal.

Ella las deja hacer,
tal vez por cansancio,
tal vez por fe:  espera que le devuelvan algo (el pulso, el fuego, la rabia)
o simplemente no tiene fuerzas para espantarlas.

Y yo, que la adoro,
sólo miro cómo el milagro se erosiona poco a poco,
entendiendo que incluso la belleza necesita dormir.

Twitter: Owiruame

sábado, 11 de octubre de 2025

nota para mi crush de los jueves

«Tengo un crush para cada día de la semana, sólo que mi semana,
como la de Manzanero, tiene más de siete días».


No somos nada, pero hablamos todos los días.
Tú me cuentas el día a día o algún dato curioso que no sirve para nada, y yo hago como que me importa (y sí, me importa, pero no lo digo).
A veces me mandas un meme.
Yo contesto con un “ja, ja, ja” que suena igual que el silencio, mientras apenas sonrío.
Pero tú no lo notas, o finges que no lo notas, y eso también me gusta.

Entre tantas letras se nos escapa un coqueteo de vez en cuando.
Tú lo haces sin querer, yo lo hago con culpa.
Y aunque nadie lo vea, ahí vamos: dos fantasmas que (quizá) se desean...

Una vez te soñé.
Bueno, han sido varias, pero sólo en una te besaba, y sabías a historia ya vivida.
Cuando digo que tengo un crush para cada día de la semana, me dicen que tengo corazón “de condominio”.
Yo respondo que más bien es como una comuna hippie: todas conviven, nadie manda.
Pero la verdad es que tú ocupas mi mente casi todos los días, como una mala costumbre que se volvió fe.

Sé que lo nuestro es humo, una ilusión con conexión Wi-Fi.
Pero igual te leo, te respondo, me río, te pienso.
Y cuando apago la pantalla, no se apaga la costumbre:
me acuesto esperando soñar contigo otra vez,
aunque en el sueño tampoco seamos nada.

 
Twitter: Owiruame

martes, 23 de septiembre de 2025

historia de un (des)amor

Me gustaban sus letras. Leer su poesía era un deleite: francas, vibrantes, llenas de color.
Es verdad que casi siempre hablaban del desamor, aunque también sabía escribirle al amor... al fin y al cabo, era una enamorada del amor.

Dejé de saber de ella el día en que encontró a un “buen hombre”, uno que la hacía feliz.
La extraño, extraño sus letras, pero al menos sé que ahora es feliz.



Twitter: Owiruame

sábado, 20 de septiembre de 2025

herético

Y el verbo se hizo carne
y habitó entre tus piernas.
Y vi su gloria: plena, vibrante, eterna
(y en tu cara, deseo y verdad).

Doy testimonio de tus voces atávicas,
del temblor de tu piel,
de su tibieza en mí.

Y eres de quien decía:
ella (se) viene antes de mí,
porque es primero que yo.

Porque
de su deseo bebimos todos.


Twitter: Owiruame

viernes, 19 de septiembre de 2025

rara

Me gustas rara, de esas rarezas que no se compran o se heredan.

Me gustas porque no cabes en ningún molde,
porque una sola palabra dice más que un discurso ensayado.


Me gustas porque caminas contra corriente,
porque preguntas lo que nadie se atreve,
porque tienes respuestas que no aparecen en Google.


Me gusta tu manera de mirar las grietas
como si fueran paisajes (y los paisajes como si fueran el cielo).
Me gusta tu costumbre de hablar con lo invisible
como si estuviera a la mesa contigo.


Me gustas rara, y común no tendrías sentido.
(porque la gente estándar es obvia,
y la belleza de catálogo es puro simulacro de cartón).


Me gustas cuando desarmas las lógicas,
cuando te ríes en medio del funeral de las certezas,
cuando eres canción y protesta (rara).


Me gustas porque contigo
puedo dejar de fingir cordura,
ser el torpe, el exiliado, el contradictorio.
Puedo ser yo: otro raro.


Me gustas...

simple y cabronamente rara.


Twitter: Owiruame

jueves, 18 de septiembre de 2025

historia de nuestros dioses

En las erosionadas espaldas de los dioses
levantamos ladrillos con soberbia,
como quien construye Babel sobre ruinas
y luego presume que fundó en la roca.

Ellos ya no cargan el cielo,
apenas soportan la humedad de nuestras plegarias,
esas súplicas baratas que se vuelven vaho
en los cristales rotos de un vitral profano.

Y aun así, nos proclamamos reyes,
orgullosos de un reino que huele a moho,
un imperio erguido
sobre huesos divinos carcomidos por el olvido.

Nos creemos eternos
sobre una roca cubierta de polvo.
Pero basta un bostezo de los dioses difuntos
para que nuestro castillo de naipes se derrumbe
como una mentira mal contada.

Al final, no somos más que soñadores del olvido,
agoreros de un destino incierto,
cantores de entelequias
que sólo nos sirven para intentar encontrar sentido a nuestra existencia.



Twitter: Owiruame

viernes, 29 de agosto de 2025

cotidiana

— ¡Yo quiero ser musa todos los días!
— Debe ser cansado ser etérea e inalcanzable de tiempo completo.
Sonrió, bajó del altar, encendió un cigarro y se sentó a mi lado.

— No entendiste: también puedo ser musa de carne y rutina.
Esa tarde entendí: las musas no sólo inspiran desde lejos... Y la eternidad (también) cabe en el día a día.


Twitter: Owiruame

viernes, 8 de agosto de 2025

el nombre

Cuando tuve mi primer trabajo como profesor rural, me mandaron a un pueblo minero. Nadie quería rentarme un cuarto para quedarme, así que terminé con mis cosas en una especie de vecindad donde vivían las personas más pobres del lugar.

Apenas me estaba instalando cuando llegó Doña Simona, una señora de esas que siempre saben más de lo que dicen. Me dijo que tenía un jacal que usaba como bodega, allá arriba, en una loma detrás de su casa.
—Se me hace poco pa’ usted, profe… —me dijo—, pero viendo en dónde se quería meter, pues no es muy diferente.

Y así fue como me mudé a aquel jacal: un cuartucho de tres por tres, con una puerta de madera que se cerraba por dentro con un clavo doblado.

No había electricidad ni agua corriente (como en todo el pueblo), así que nos alumbrábamos con quinqués, esas lámparas de petroleo que huelen a pasado.

Una noche, mientras leía a la luz del quinqué, la puerta de mi jacal se abrió.

No era raro. Una vez, unos borrachines la habían empujado para pedirme que les tocara con mi guitarra.
Pero esta vez no eran ellos.

En el marco de la puerta, de pie, estaba una mujer. El cabello largo, gris. El vestido también. Gris como su pelo, como el polvo del cerro.

Abrió la boca y preguntó:
—¿A quién espero? ¿Cuál es tu nombre?
Yo, apenas moviendo los labios, susurré:
 —Miguel.

La puerta se cerró.

Me puse de pie en cuanto reaccioné, salí a ver quién era, qué había sido eso. No había nadie.  No le conté a nadie. Lo guardé como se guardan las cosas que no caben en lo lógico.

Tiempo después, mi familia fue a visitarme. Mi hermana se quedaría en mi catre y yo dormiría en el suelo. Acompañé a mis papás a una casa donde pasarían la noche, y cuando regresé, encontré a mi hermana sentada, pálida como el papel. Le pregunté qué había pasado.

—Una mujer se apareció en tu puerta —me dijo—. Me preguntó cuál era mi nombre.
—¿Se lo dijiste? —pregunté.
—No… ni siquiera pude abrir la boca —respondió.

Días después, cuando mi familia ya se había marchado, vi a Doña Simona en la puerta de su casa.  Aproveché para contarle lo sucedido.
Sólo me miró, como si ya lo supiera.
—Por eso no quería rentarle el jacal —dijo con voz bajita—. Ahí espantan.

Epílogo
Años después, mientras conversaba con mi amigo Jesús Vaca, le conté esta historia.
—Yo no creo en fantasmas —le dije—, pero esto realmente nos sucedió. ¿Cómo lo explicas?
Y él, con la calma que le caracteriza, respondió:
—La esquizofrenia se da en grupos familiares.
(Gracias, Jesús. Yo también te quiero).


Twitter: Owiruame