sábado, 1 de agosto de 2026

sábado

Sábado ─ dices. Como si la palabra misma hiciera la magia. (y claro, como desde el principio de los tiempos, es cuestión de fe). Una fe sagrada donde te creo y donde me crees, y ambos estamos dispuestos a ser un sacrificio en el altar de los desvaríos, dispuestos a arder hasta los huesos, consumidos por la entrega mutua. 

¡Qué cabrón! ─ piensas. Y sí, un cabrón que reescribe historias sólo por alcanzar tu mirada, esa mirada que descubrió el lenguaje que era para la criatura, pero, sobre todo, letras que hurgaron en la carne hasta encontrar su corazón.

Porque hay cuerpos desnudos de ropa,
y luego estamos nosotros:
arrancándonos las metáforas una por una
hasta quedar expuestos en la respiración del otro.
Qué indecente resulta una mujer
que sabe pronunciar tu nombre
como si cada sílaba encontrara un lugar distinto bajo la piel.

No sé qué dios inventó el deseo,
pero debió hacerlo un sábado,
(y luego puso como pretexto que había de descansar).
Desde entonces escribo para acercarme a tu boca,
y tu boca lee como si cada palabra mereciera ser mordida.
Así termina toda herejía:
tú creyendo en mis manos,
yo creyendo en tu hambre,
y el mundo, por un instante, incapaz de distinguir
si estamos haciendo poesía
o cometiéndola.


Twitter: Owiruame

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