jueves, 23 de julio de 2026
Nunca me dijo que era capricornio
viernes, 26 de junio de 2026
sombra
miércoles, 25 de marzo de 2026
el loco
—Usted no —dijo el loco—. Yo ya estoy ahí.
martes, 23 de septiembre de 2025
historia de un (des)amor
viernes, 29 de agosto de 2025
cotidiana
domingo, 3 de agosto de 2025
Netflix & Chill
Sé que soy anticuado más que viejo… por eso llevé palomitas y una pinta de helado.
Mientras buscaba el wifi, ella me besó el cuello y susurró:
—Qué tierno.
No vimos la película.
Vimos los créditos.
De la vida.
viernes, 1 de agosto de 2025
abrazo
martes, 29 de julio de 2025
lotería
domingo, 27 de julio de 2025
ella era libra
lunes, 21 de julio de 2025
monotonía
domingo, 20 de julio de 2025
roto
viernes, 18 de julio de 2025
pesadilla
jueves, 17 de julio de 2025
el beso
jueves, 10 de julio de 2025
la última cena
—No comparto mesa con quien me traicionaría con la cuchara.
Él sonrió, nervioso. No sabía que ya lo sabía.
Le serví primero. Acabó el guiso con glotonería, sin notar el amargor.
—¿Qué le pusiste? ─ preguntó.
—Justicia.
Murió en silencio, como aquella vez que quiso callarme.
Llevaba años esperando esta cena.
Y sí, lavé los platos. Pero no el alma... Esa sigue a fuego lento.
visto
martes, 8 de julio de 2025
martes
domingo, 6 de julio de 2025
shibari
Al principio fue un juego. Un hilo rojo atado al tobillo, indicando que estaba dispuesta a jugar. Una cita a ciegas en un motel de mala muerte y sin ventanas. El pacto: no usar nombres, no hacer preguntas, no desatarse solo.
Ella ató primero. No con sus manos… Me ató con sus palabras: las fue seleccionando una a una y me fue enredando con ellas con la precisión de una dómina. Luego vinieron los brazos, el torso, las piernas, el orgullo. Cada nudo tenía su orden. Su pausa... Y un silencio. Como si cada uno fuera parte de un crimen perfecto. Una ejecución lenta, disfrazada de arte.
Ella no preguntaba nada. Yo hablaba todo el tiempo, como si hablar bastara para quedarme. O para llenar el vacío.
El juego duró lo que duran los buenos vicios. Una noche, al buscar su cuerpo, encontré sólo cuerdas. Su perfume aún en el aire y ese nudo, no de los que se ven, sino de los que te sientan al borde de la cama preguntándote si fue amor… o solamente disociación.
Desde entonces, no sé si sigo atado a ella o a mi costumbre de rendirme ante quien sabe apretar sin tocar. El espejo me observa con culpa… yo le regreso la mirada con ausencia.
A veces creo que estoy solo. Otras veces, que aún está aquí. Que me observa desde algún rincón invisible, esperando que me rinda del todo.
Y no sé qué es peor: extrañarla… o seguir atado a alguien que quizás nunca estuvo.