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domingo, 6 de julio de 2025

shibari

Al principio fue un juego. Un hilo rojo atado al tobillo, indicando que estaba dispuesta a jugar. Una cita a ciegas en un motel de mala muerte y sin ventanas. El pacto: no usar nombres, no hacer preguntas, no desatarse solo.

Ella ató primero. No con sus manos… Me ató con sus palabras: las fue seleccionando una a una y me fue enredando con ellas con la precisión de una dómina. Luego vinieron los brazos, el torso, las piernas, el orgullo.  Cada nudo tenía su orden. Su pausa... Y un silencio. Como si cada uno fuera parte de un crimen perfecto.  Una ejecución lenta, disfrazada de arte.

Ella no preguntaba nada. Yo hablaba todo el tiempo, como si hablar bastara para quedarme. O para llenar el vacío.

El juego duró lo que duran los buenos vicios.  Una noche, al buscar su cuerpo, encontré sólo cuerdas.  Su perfume aún en el aire y ese nudo, no de los que se ven, sino de los que te sientan al borde de la cama preguntándote si fue amor… o solamente disociación.

Desde entonces, no sé si sigo atado a ella o a mi costumbre de rendirme ante quien sabe apretar sin tocar.  El espejo me observa con culpa… yo le regreso la mirada con ausencia.

A veces creo que estoy solo. Otras veces, que aún está aquí. Que me observa desde algún rincón invisible, esperando que me rinda del todo.

Y no sé qué es peor: extrañarla…  o seguir atado a alguien que quizás nunca estuvo.


Twitter: Owiruame

sábado, 14 de junio de 2025

milagro

A las ocho de la noche, el sol seguía ahí, igual de necio que mi patrón, que no entiende que ya pasó su hora.

Treinta y nueve grados Celsius, según el teléfono. Cuarenta y dos, según mis putas axilas… ¡y mis lonjas!
En la banqueta, yo.
 En la hielera, nada. Ni una pinche cerveza. Sólo unas cuantas botellas vacías, porque creí que ella vendría con las suyas (y yo también podría beberlas).

Spoiler: no vino.

Ni ella, ni la lluvia, ni mi cordura. Sólo los moyotes, esos cabrones que no tienen palabra pero sí tienen hambre.

Ahí estaba yo, como quien espera el Apocalipsis… con menos épica, pero con más sudor y comezón.
—El mundo se va a acabar y yo sin una pinche cerveza —pensé. Sin ella, y con sed de la mala.

Desde su casa invadida, en mi colonia pobre, el vecino llegó con un bote helado que me tendió con cierta condescendencia.
Juraría que fue en slow motion.

Casi aplaudí. No por agradecimiento, sino por respeto.
Porque en esta ciudad de infiernos sin poesía, el que te invita una cerveza fría ya es mitad dios… y mitad milagro.

Twitter: Owiruame

sábado, 22 de febrero de 2025

Salón Nacozari

Las botellas vacías se amontonan como testigos mudos. Ella vive en la Industrial, yo en el olvido.

La conocí una noche en la banqueta.  Yo caminaba rumbo al Nacozari, por unas cervezas, ella estaba frente a un Oxxo con la cortina medio caída. Dr. Martens desgastados, un breve vestido estampado con flores pequeñas y la mirada de quien ya vio todo y le importó nada. Me pidió un cigarro sin mirarme a los ojos. Compartimos el humo como un ritual sagrado y nos reímos de algo que no recuerdo.

La invité al bar, la pasamos bien. Más tarde la llevé a mi cuarto. No había promesas, sólo el eco de la música del Nacozari a lo lejos, y la certeza de que la noche sería corta y el día siguiente, largo. Un perro aullaba afuera, como si entendiera algo que nosotros no.

El amor fue como un perro callejero que nos lamió la cara y se largó tras la primera perra en celo. Sin aviso, sin despedidas. Un día ella estaba ahí, compartiendo una caguama en la banqueta conmigo; al siguiente, sólo quedaban sus cabellos chinos en mi almohada y su cepillo en el vaso en el lavabo.

Después la volví a ver un par de veces en las calles de la Industrial, siempre con prisa, con la mirada esquivando recuerdos. Nos saludábamos con un gesto mínimo, como si reconocer el pasado fuera demasiado esfuerzo.  Ella seguía con su vida, yo en el olvido.

La última vez que la ví, estaba en la banqueta de siempre, con una  botella en la mano y la mirada en la nada. Me acerqué, pero ella ya no era la misma y yo tampoco. “¿Otro cigarro?”, preguntó, como si el tiempo no hubiera pasado. Se lo di. Compartimos el humo sin reírnos esta vez. El silencio fue más cómodo que cualquier mentira.

La noche se tragaba las calles y una jauría de perros flacos corría tras algo que jamás alcanzarían. Como nosotros.

Twitter: Owiruame

lunes, 17 de febrero de 2025

cuatro cuentos de psicomagia

1. Enterró fotos, bailó desnuda, bebió tinta. El psicomago sonrió satisfecho. “Estás curada”.
Pero las sombras seguían allí, susurrando. No era magia, ni terapia. Sólo un teatro oscuro donde los miedos jugaban a ser dioses... y ella era la ofrenda.

2. Quería olvidar y ser olvidado, así que siguió el ritual al pie de la letra: pañuelo, sangre, cenizas.
Al día siguiente, su reflejo lo miró con extrañeza, como si nunca antes lo hubiera visto. Su nombre se desvaneció de los labios ajenos.
Había sanado, decían. Él supo que había dejado de existir.

3. El psicomago le recetó coser su sombra a la suela de los zapatos. "Así nunca volverás a perderte", dijo.
Funcionó… hasta que la sombra comenzó a caminar por su cuenta, arrastrándole a lugares que no quería visitar.
Nunca más pudo escapar de sí mismo.

4. La anciana prescribió un acto psicomágico: enterrar su miedo bajo la cama.
Al día siguiente, despertó con la tierra removida y una enorme fosa abierta. Dentro, algo respiraba.
Su miedo había echado raíces… y ahora, acechaba bajo la cama.


Twitter: Owiruame

viernes, 14 de febrero de 2025

cinco historias de amor

I. Entre la metamorfosis y la duda, ella siempre estuvo ahí: fuego y ternura en la misma piel. Compartieron sueños, abrazos y silencios. A veces su mente viaja lejos, pero su amor siempre encuentra el camino de regreso. Ella es su norte, su vela, su hogar.

II. Entre maullidos y palabras, se encontraron. Su voz y complicidad fueron hogar en una noche infinita. La vida los llevó por caminos distintos, pero a veces, en una taza de café, el tiempo se detiene para recordarse, para ponerse al día.

III. Un taxi, un beso y el mundo tembló. Entre aeropuertos y despedidas, el tiempo los ponía a prueba, pero siempre elegían reencontrarse. Ella es un misterio que él admira, y su sonrisa siempre lo invita a quedarse un poco más.

IV. Nunca se tocaron, pero su ausencia dolía como si hubieran compartido abrazos. Ella se fue y volvió, como un sueño recurrente. Él prefería esa brisa a arriesgar el huracán de perderla para siempre.

V. Caminar a su lado es ver el mundo con más colores. Ella le enseñó a mirar adelante sin miedo, a creer que el futuro era algo más que una sombra. Su luz lo empuja a ser mejor, y él agradecerá siempre cada destello.
Twitter: Owiruame

viernes, 3 de enero de 2025

propósitos de año nuevo

I.
"Eres mi propósito de año nuevo", murmuró frente al espejo. Su reflejo le sonreía, pero no era él.
-Este año, terminaré lo que comenzaste -le dijo, devolveré a esa cosa al lugar oscuro de donde vino.

II.
"Eres mi propósito de año nuevo", le dije al gimnasio al pagar la membresía.
Dos días después, el sillón me reclamó su amor eterno. "Nosotros somos para siempre", aseguró mientras yo devoraba otra bolsa de Cheetos frente a la tele.

III.
"Eres mi propósito de año nuevo", susurré a tu oído. Mis manos dibujaban promesas en tu piel, y cada caricia era una línea escrita.
No hubo más reloj, el tiempo quedó atrapado entre nosotros.

IV.
"Eres mi propósito de año nuevo". Pero primero necesito borrar las huellas.
Una última llamada para guardar las apariencias, un boleto sin regreso, y entonces, estaremos juntos. Si es que los investigadores no encuentran el arma.

V.
"Eres mi propósito de año nuevo". Lo escribí en un papelito y lo lancé al fuego, como manda la tradición.
Tú lo encontraste antes de que se consumiera, lo guardaste en tu bolso y susurraste: "También eres el mío".

VI.
"Eres mi propósito de año nuevo". La nota estaba firmada con un beso color carmín.
La encontré en mi escritorio, donde nadie había estado. Ahora sólo queda averiguar quién me conoce tan bien... y por qué.

VII.
"Eres mi propósito de año nuevo". Te lo dije al oído, aunque sabías que no podía estar ahí.
Me enterraste hace meses, pero aquí estoy, observando cómo tiemblas de miedo.
¿No querías estar conmigo por siempre?


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martes, 31 de diciembre de 2024

doce campanadas

1.
Si el río no se entrega al mar, permanecerá estancado hasta secarse, dijo el maestro zen, mientras dibujaba círculos en la arena. El discípulo, perplejo, preguntó:
—¿Qué significa?
El maestro respondió:
—Significa que aún no lo entiendes.

2.
—Aún no lo entiendes, amigo —dijo el borracho, levantando su vaso—. La vida es muy corta. Si no la bebes rápido, se escurre entre los dedos.
Miró su reflejo en el fondo del vaso vacío y susurró:
—¿Dónde se fue todo?

3.
—¿Dónde se fue todo? —preguntó la maestra, mirando la pizarra llena de tachaduras.
—Se fue en las respuestas equivocadas —dijo el estudiante.
La maestra borró todo y escribió:
"El error es el primer paso hacia el aprendizaje."
Entonces, nadie temió responder.

4.
—Nadie temió responder —pensó el perro al ladrar frente al cartero.
Pero el hombre no retrocedió. En cambio, le acarició la cabeza.
—Eres valiente, amigo.
El perro dejó de ladrar, movió la cola y por primera vez, sintió que había logrado algo único.

5.
Por primera vez, sintió que había logrado algo único. El dibujante trazó la última línea del retrato.
—Es perfecto.
Miró el rostro en el papel. No era quien había perdido, sino quien soñaba. Sonrió. Ahora, solo quedaba encontrar a la musa que inspiraba ese sueño.

6.
¿Qué inspiraba ese sueño? Pensó mientras llegaba a la biblioteca con un libro viejo.
—¿Tienen algo de poesía?
La bibliotecaria asintió y le entregó un tomo de Neruda.
—Las palabras son como espejos —dijo ella—. Reflejan lo que tememos perder.
Y, sabiendo que ya no podría olvidar, comenzó a leer.

7.
Comenzó a leer el poema en voz baja, mientras el poeta la observaba desde el rincón, tomando notas.
—¿Quién te inspira? —preguntó ella.
—Tú, ahora.
Ella sonrió.
—Entonces escribe algo sobre lo que nunca muere.
Él cerró los ojos y escribió:
"El eco de su risa."

8.
El eco de su risa resonó en la cueva donde dormía la piedra.
—¿Quién se atreve a molestar mi sueño?
—Soy el viento, te traigo noticias de cambio.
La piedra suspiró.
—No puedo moverme.
El viento respondió:
—Tal vez, pero puedes inmortalizar lo que miras.

9.
—Inmortalizar lo que miras, esa es tu tarea —pensó la fotógrafa mientras ajustaba el lente.
Capturó el rayo de luz atravesando las hojas.
—¿Qué ves? —le preguntaron.
—Veo lo que la realidad no dice, pero sugiere.
Revisó la imagen. Era perfecta, como si la luz hablara en silencio.

10.
—¡Cómo si la luz hablara en silencio! —pensó el doctor en filosofía mientras cerraba su libro.
—¿Qué es la verdad?
La pregunta quedó flotando en el aire.
—La verdad —se dijo—, es como un espejo roto: cada pedazo muestra algo distinto. Pero la luz, la luz es la misma.

11.
La luz es la misma —suspiró la margarita, pero yo...
—¿Por qué lloras? —preguntó el sol.
—Porque me arrancaron de mi hogar.
—Pero ahora alegras un hogar.
La margarita suspiró... Anhelos que llegan hasta el cielo.

12.
"Anhelos que llegan hasta el cielo", pensó el hada, mientras esparcía polvo mágico sobre el pequeño.
—¿Qué haces? —preguntó el niño.
—Con suerte, te haré volar —respondió el hada.
El niño la miró y sonrió.
—Entonces tú me enseñarás.
Ella, sin palabras, voló a su lado, brillando más intensamente.



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miércoles, 17 de julio de 2024

vanille

— Entonces...

— Apaga la luz si quieres que suceda.


Él apagó la luz y se acercó a la cama. En la oscuridad, se escuchó una cremallera. Montones de tentáculos viscosos lo rodearon recorriendo su cuerpo, sujetándolo, apresándolo.


A la mañana siguiente, él era el hombre más feliz del planeta. Ella, con su disfraz humano nuevamente puesto, se levantó a preparar café.




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viernes, 23 de febrero de 2024

13/52

Un anuncio peculiar, nacido de la frustración y las esperanzas perdidas, aparecía en el “anuncio clasificado” del periódico local: Mujer imaginaria vende castillo en el aire. Remate por divorcio de una pesadilla.

Los interesados no se hicieron esperar. Algunos, soñadores empedernidos, buscaban un refugio etéreo. Otros, mucho más prácticos y mundanos, veían una oportunidad para invertir en lo intangible. Entre ellos, llegó Amal, un poeta con la mirada perdida en las nubes.

Llegó al castillo de Deene, la mujer que había puesto el anuncio, y escuchó de sus labios una historia llena de sueños rotos y anhelos de libertad. Amal se enamoró, no del castillo, sino de la mujer que lo había creado.

Amal le propuso un tiempo compartido, no del castillo sino entre ellos. Pasaron los dias.  Juntos, transformaron la pesadilla en una hermosa esperanza, un refugio donde la imaginación y la poesía reinaban.

El castillo en el aire, ahora símbolo de esperanza y amor, dejó de ser una simple fantasía para convertirse en un hogar real, tangible como el rayo de sol que acariciaba la piel de Deene por las mañanas.

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martes, 5 de septiembre de 2023

reencuentro

Ana caminaba por el parque cuando vio a un hombre sentado en un banco. Algo en su aspecto le resultaba familiar, pero no podía recordar de qué. Se acercó a él y le preguntó:

—¿Perdona? ¿Te conozco de algo?

El hombre se levantó y le sonrió.

—No creo que nos hayamos visto antes —respondió.

—Estoy segura de que nos conocemos —insistió—. Tu rostro me resulta muy familiar.

El hombre se rascó la cabeza.

—No sé qué decirte, no creo que nos hayamos visto nunca.

—Tal vez sí, tal vez no —concedió al final.

Sonrió al hombre.

—En fin, es un placer conocerte —dijo—. Mi nombre es Ana.

—Me llamo Roberto — respondió el hombre—. También es un placer conocerte, Ana.

Se dieron la mano y se miraron a los ojos durante unos instantes. Ambos sintieron una extraña sensación de familiaridad, pero no pudieron identificarla.

Se reencontraron pero no se reconocieron. Se miraron con nostalgia por unos instantes y cada uno siguió su camino.

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