La libertad nunca llega sola, trae daños colaterales: Primero te corta la fe, luego el miedo y al final las manos con las que te aferrabas a tu jaula.
Probé vivir como el animal que aún me respira. Sin permisos. Sin teorías. El deseo no absuelve a nadie... apenas te deja cicatrices con olor a verdad.
Después amé. Y descubrí que hasta el amor más libre pone vasos en la mesa que no deben romperse. Toda libertad compartida sangra un poco por los acuerdos.
Ahora persigo una libertad más sucia: la que no le reza a ningún dios, no se esconde de su hambre y no convierte un abrazo en una cadena. Si existe, solo quiero lanzarme a ese abismo.
No hay comentarios. :
Publicar un comentario
Agradezco tu visita y comentarios!