Yo sólo revuelvo el desastre: palabras, silencios, cicatrices, personas...
y a veces sale algo que respira, late, arde.
Desconfío de quienes presumen respuestas.
Prefiero las preguntas que (te) desordenan la cama, la cabeza, el aula o la vida.
Ahí suele comenzar lo que realmente vale la pena.
No construyo verdades.
Apenas remiendo grietas con letras, pedagogía, pensamientos, herramientas, dudas
y esa necia costumbre que tengo de creer que (casi) todo puede reinventarse.
Si soy artífice de algo, será de preguntas incómodas,
de desobediencias pequeñas,
de incendios discretos,
de paréntesis inesperados...
de (im)probabilidades.
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