jueves, 8 de octubre de 2026

diosas

Tengo tres diosas (a quienes adoro).

Una sostiene el tiempo: lo amarra, lo cuida, lo vuelve hogar.  
Otra lo incendia: cuestiona, empuja, desordena.  
La tercera lo extravía: juega, provoca, abre caminos que no sabía que existían.

No elegí entre ellas (sería la muerte).  
Aprendí a arder sin dejar de permanecer.  
Y a perderme sin necesidad de estar perdido.

La diosa de mis tiempos me conoce en versiones completas  
(incluso las que yo negaba).  
La de mis herejías me nombra en borrador  
(y me provoca a reescribirme).  
La de mis desvaríos me descubre entre líneas  
(y me invita a escribir lo que todavía no imagino).

Una me dice «quédate».  
Otra, «atrévete».  
La tercera, «¿y si...?».

(Y en esa conversación… soy más verdad).

No son opuestas (aunque a veces lo parezcan).  
Tampoco son mitades de algo que me falta.  
Son mujeres enteras, con sus propios mundos,  
sus certezas, sus dudas y sus maneras de amar.

Una es la historia que seguimos construyendo.  
Otra, la rebelión que me obliga a cuestionarla.  
La tercera, el desvarío que me recuerda  
que todavía quedan historias por vivir.

Las honro distinto  
(con el mismo cuerpo y distintas letras).  
No porque sean iguales,  
sino porque ninguna es intercambiable.

No les pido que sean eternas  
(ni que prometan lo imposible).  
Quiero encontrarlas libres,  
sabiendo que pueden irse  
y celebrando que elijan quedarse.

Porque hay amores que se quedan,  
otros que te enseñan a no quedarte igual…  
y algunos que llegan para recordarte  
que todavía puedes sorprenderte.

Tengo tres diosas (a quienes adoro).  
Y si alguna vez me preguntan en qué creo,  
no hablaré de templos ni de milagros.

Hablaré de ellas.  
De lo que hemos sido,  
de lo que estamos siendo  
y de todo aquello que aún no sabemos.

(La fe, después de todo, también es una forma de incertidumbre).


Twitter: Owiruame

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