Mostrando las entradas con la etiqueta microficción. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta microficción. Mostrar todas las entradas

jueves, 23 de julio de 2026

Nunca me dijo que era capricornio

Nunca me dijo que era Capricornio.  Lo descubrí porque hacía preguntas como quien levanta una auditoría buscando el error más pequeño.

—¿Cuál fue la última vez que mentiste?
—Hace cinco minutos.
Sonrió.

Ahí debí salir corriendo. En vez de eso le invité otro whisky.

Hay personas que besan.  Ella llegaba hasta el alma entre labios, saliva y aliento.

Lo nuestro terminó el día que ya no tuvo nada nuevo que descubrir.  Los enigmas también caducan y yo era un libro abierto, de los que se colorean... con crayones.

Lo peor es que, a cierta distancia, mis letras hacían muy buena publicidad.  De cerca, en cambio, se notaba que las páginas ya venían rayadas.


Twitter: Owiruame

viernes, 26 de junio de 2026

sombra

En la habitación oscura, la vela se apagó sin viento. No hubo ruidos ni presencias extrañas, sólo la certeza absoluta de que la sombra en la pared no reflejaba sus movimientos, sino sus pensamientos ocultos.


Twitter: Owiruame

martes, 7 de abril de 2026

paréntesis

Decidió no despertar más. Argumentó que su realidad era un boceto mal trazado y que en sus sueños (por fin) era el arquitecto de su propio destino. Ahora vive en un paréntesis eterno, donde el tiempo es un reloj sin manecillas.


Twitter: Owiruame

domingo, 5 de abril de 2026

Advertencia

Si me dices algo, deja de ser sólo tuyo.
Puede volverse historia, excusa o herida bien escrita.

Yo hago eso: escribir.

Las musas… bueno, ellas sólo dan permiso (cuando quieren, o cuando digo que quieren).

Nota: todas mis letras son ficción. Incluso las que juran que no.


Twitter: Owiruame

sábado, 4 de abril de 2026

sábados

Los sábados por la mañana sirven para hacer hotcakes (sin receta, justo como salen de la caja) y llevarlos a la cama de alguien que importa junto con un chai que se enfría más rápido de lo que debería.

Después viene el café (el segundo, porque el primero no cuenta) y la mesa del comedor. Esa cosa que llamas computadora, pero que en realidad es sólo una ventana abierta a algo que no terminas de controlar.

Las tórtolas en la ventana hacen lo suyo (como si alguien se los hubiera pedido), el sol insiste en que hoy podrías lavar ropa (y quizá sí, quizá no).

Cierras los ojos. No para recordar sueños épicos ni románticos (eso también sobra), sino para reconocer que, al final, todo se reduce a algo más simple:
un espacio que no sea perfecto, pero que no tengas que pedir prestado.
Un rincón que no permanezca intacto, pero que puedas seguir llamando tuyo (aunque cambie, aunque te cambie).

Twitter: Owiruame

miércoles, 25 de marzo de 2026

el loco

—Eso no lo veremos —sentenció, descompuesto, el “hombre de ciencia”.
—Usted no —dijo el loco—. Yo ya estoy ahí.


Twitter: Owiruame

martes, 23 de septiembre de 2025

historia de un (des)amor

Me gustaban sus letras. Leer su poesía era un deleite: francas, vibrantes, llenas de color.
Es verdad que casi siempre hablaban del desamor, aunque también sabía escribirle al amor... al fin y al cabo, era una enamorada del amor.

Dejé de saber de ella el día en que encontró a un “buen hombre”, uno que la hacía feliz.
La extraño, extraño sus letras, pero al menos sé que ahora es feliz.



Twitter: Owiruame

viernes, 29 de agosto de 2025

cotidiana

— ¡Yo quiero ser musa todos los días!
— Debe ser cansado ser etérea e inalcanzable de tiempo completo.
Sonrió, bajó del altar, encendió un cigarro y se sentó a mi lado.

— No entendiste: también puedo ser musa de carne y rutina.
Esa tarde entendí: las musas no sólo inspiran desde lejos... Y la eternidad (también) cabe en el día a día.


Twitter: Owiruame

domingo, 3 de agosto de 2025

Netflix & Chill

Sé que soy anticuado más que viejo… por eso llevé palomitas y una pinta de helado.

Mientras buscaba el wifi, ella me besó el cuello y susurró:

—Qué tierno.

No vimos la película.

Vimos los créditos.

De la vida.

 
Twitter: Owiruame

viernes, 1 de agosto de 2025

abrazo

A veces sólo quiero un abrazo que no tenga prisa.
Por eso la dejé entrar, aunque sus ojos no parpadeaban.

Ahora me envuelve cada noche con su sombra, sin moverse, sin soltarme.

Dicen que murió hace años.
Pero yo no tengo corazón para decírselo.



Twitter: Owiruame

martes, 29 de julio de 2025

lotería

El melón
Ella partió un melón con los dedos, sin cuchillo.
Le ofreció un poco. Él mordió...
desde sus manos y hasta el ombligo.
No usaron servilletas.

La estrella
Ella brillaba. Él guardaba silencio.
Cuando cayó "la Estrella",
se la tragó entre cada pico.
Desde entonces, cada noche le sabe a universo.

La botella
El náufrago encontró una botella con cartas de lotería.
Jugó solo.
Cada carta traía una visita.
En la última noche, cantó "la Muerte".

El camarón
¡Buenas! ─ gritó con "el Camarón"
y cayó dormido.
Aún sueña bajo el mar, entre corales.
No ha envejecido.
A veces ríe, cuando alguien canta su carta.

El paraguas
Volvió a caer la carta.
Esta vez no llovió agua, sino recuerdos ajenos.
Todos quedaron empapados de vidas que no eran suyas.

La rosa
Terminó con una rosa en cada partida ganada.
Cada pétalo, una promesa.
Al final del mazo,
sólo le quedó el tallo... y espinas.

El corazón
No juegues con el corazón ─ dijo.
Pero él lo puso sobre la mesa, desnudo.
Ella lo tomó entre sus manos... y lo hizo añicos.



Twitter: Owiruame

domingo, 27 de julio de 2025

ella era libra

Ella creía en el equilibrio, velas encendidas, finales con sentido... yo llegaba tarde a todo, incluso a mí.

Nos conocimos en la fila del café. Ella traía un libro de poesía y olía a té de azahar. Yo iba con resaca, pantalones arrugados y chistes malos.

Duramos tres estaciones: Primavera fue promesa, verano incendio, otoño caída. En invierno ya no quedaba nada.

Una noche leyó mi carta astral. “Tienes algo roto en la casa del amor”, dijo. Pregunté si tenía reparación. Sonrió con tristeza.  Me dijo: “tú pisas lo sagrado y ni te das cuenta”. Y sí, yo era sarcasmo y huida. Ella, equilibrio y flores secas.

Se fue con la dignidad intacta.

Desde entonces, cuando preguntan qué pasó, sólo digo:
—Ella era Libra… y yo un hijo de la chingada.



Twitter: Owiruame

lunes, 21 de julio de 2025

monotonía

Cada día, ella servía el desayuno en punto de las 7:00.
Salían a sus trabajos, cada uno en su auto.

Al regresar, ella limpiaba en silencio, se sentaba frente al televisor apagado y esperaba.
Él llegaba a las 6:00, colgaba su saco, cenaba en silencio, se acostaba.

Una noche, él llegó, colgó su saco… y ella ya no estaba.
 Sólo había una nota:
 "Gracias por no notar que llevo muerta desde el viernes".


Twitter: Owiruame

domingo, 20 de julio de 2025

roto

Cada vez que la soñaba, ella volvía con los ojos vacíos y la sonrisa intacta.

— No has cambiado nada —le dije. 
—Yo sí te rompí —respondió.

Me desperté con vidrios en la cama y sangre en la boca. No la soñé más.
Dicen que hablo dormido.
A veces sueño que convertido en cristal, estallo en mil pedazos.


Twitter: Owiruame

viernes, 18 de julio de 2025

pesadilla

Despertó empapada en sudor, aún jadeando.
Encendió la lámpara.
Todo estaba en orden… excepto por la figura sentada al pie de la cama.
Tranquila —dijo él, con una voz que le resultó extrañamente conocida.
Sólo quería asegurarme de que no volvieras a soñar con despertarte.


Twitter: Owiruame

jueves, 17 de julio de 2025

el beso

Se dejó caer en su abrazo como quien se rinde al vértigo. No era amor, era hambre lenta, lengua y gula. Mientras la besaba, ella abrió los labios y cerró los ojos... no quería promesas, sólo quedarse ahí sintiendo ese instante de avidez.


Twitter: Owiruame

jueves, 10 de julio de 2025

la última cena

Anoche lo miré fijo y dije:
—No comparto mesa con quien me traicionaría con la cuchara.
Él sonrió, nervioso. No sabía que ya lo sabía.
Le serví primero. Acabó el guiso con glotonería, sin notar el amargor.
—¿Qué le pusiste? ─ preguntó.
—Justicia.
Murió en silencio, como aquella vez que quiso callarme.
Llevaba años esperando esta cena.
Y sí, lavé los platos. Pero no el alma... Esa sigue a fuego lento.


Twitter: Owiruame

visto

Entró mientras dormía. No fue difícil: aún usaba la misma contraseña. Revisó nuestras conversaciones, mis fotos, todos los mensajes... incluso los no leídos.
Me vio moverme y me dijo al oído:
— Sólo quiero hablar, ¿por qué te escondes detrás del silencio?
Cuando reaccioné, ya era tarde.
Ahora parpadeo frente a ella, atado, con el celular pegado a la cara.
— Para que nunca me vuelvas a dejar en visto — susurró.

Twitter: Owiruame

martes, 8 de julio de 2025

martes

Él, fingia revisar la carpeta con todos los excels impresos; ella, subrayando errores con un lápiz rojo que parecía advertencia y promesa.

La carpeta 023 estaba corrupta.
—¿La reparamos? —preguntó él.
—Depende, respondió ella, sin mirarlo. ¿Trajiste copia de seguridad… o sólo tus ganas?

¿Y si después de un lunes cualquiera, el martes fuera lo único que espero?


Twitter: Owiruame

domingo, 6 de julio de 2025

shibari

Al principio fue un juego. Un hilo rojo atado al tobillo, indicando que estaba dispuesta a jugar. Una cita a ciegas en un motel de mala muerte y sin ventanas. El pacto: no usar nombres, no hacer preguntas, no desatarse solo.

Ella ató primero. No con sus manos… Me ató con sus palabras: las fue seleccionando una a una y me fue enredando con ellas con la precisión de una dómina. Luego vinieron los brazos, el torso, las piernas, el orgullo.  Cada nudo tenía su orden. Su pausa... Y un silencio. Como si cada uno fuera parte de un crimen perfecto.  Una ejecución lenta, disfrazada de arte.

Ella no preguntaba nada. Yo hablaba todo el tiempo, como si hablar bastara para quedarme. O para llenar el vacío.

El juego duró lo que duran los buenos vicios.  Una noche, al buscar su cuerpo, encontré sólo cuerdas.  Su perfume aún en el aire y ese nudo, no de los que se ven, sino de los que te sientan al borde de la cama preguntándote si fue amor… o solamente disociación.

Desde entonces, no sé si sigo atado a ella o a mi costumbre de rendirme ante quien sabe apretar sin tocar.  El espejo me observa con culpa… yo le regreso la mirada con ausencia.

A veces creo que estoy solo. Otras veces, que aún está aquí. Que me observa desde algún rincón invisible, esperando que me rinda del todo.

Y no sé qué es peor: extrañarla…  o seguir atado a alguien que quizás nunca estuvo.


Twitter: Owiruame