jueves, 15 de octubre de 2026

Las letras

Las letras son mi refugio, otras mi escape… y, de vez en cuando, mi coartada para meterme donde nadie me ha llamado.

Gracias a ellas conocí mundos que no aparecen en los mapas, conversé con sabios que llevan siglos muertos y comprendí un poco mejor la soledad humana (aunque sigo sin entender por qué nos empeñamos tanto en complicarnos la existencia).

También me encontré conmigo mismo, conversé con mis fantasmas y descubrí que hay espejos en los que más vale no asomarse.

Las letras me han regalado amores, pasión y poesía. Me han arrancado lágrimas, risas, suspiros y una que otra prenda (no necesariamente en ese orden).

Por eso las colecciono, por eso las atesoro… y quizá por eso las regalo a quienes amo, deseo o simplemente no consigo sacarme de la cabeza.

Algunos ven mis letras tiradas por ahí, como si no tuvieran dueño. No saben que todas tienen nombre, apellido y, algunas, hasta día de la semana. Hay letras de sábado que todavía saben a pecado, y otras de lunes que nunca aprendieron a quedarse.

Otros se las atribuyen, se las roban, se las llevan. ¡Pobres! No saben que mis letras pueden cambiar de manos, pero no de destinatario. Una vez que llegan a quién fueron dedicadas, no son mías. Y hay algunas que (estoy seguro), todavía saben cómo acariciar.

Mis letras me siguen a casa, me acompañan por la calle y se meten conmigo en la cama. A veces me dejan dormir… A veces, me despiertan a deshoras para recordarme nombres que sería prudente olvidar (pero nunca he sido prudente).

Con ellas he dibujado musas y diosas… Algunas han tenido el descaro de materializarse, besarme y demostrarme que pueden ser carne y no sólo tinta. 

Ojalá que las letras nunca me falten para nombrar lo que amo, lo que deseo y lo que todavía me atrevo a imaginar.

Y cuando ya no esté, espero que alguna de mis letras siga provocando una sonrisa, deseo o por lo menos un recuerdo inconveniente.

Porque a fin de cuentas, no escribo para que me recuerde todo el mundo... Me basta con que ciertas personas, al leerme, todavía sientan que les hablo al oído.



Twitter: Owiruame

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