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miércoles, 22 de mayo de 2024

16/52

El frío metálico de la cápsula de hibernación se colaba por las rendijas del traje espacial de Langrenus, despertándole del sueño inducido.  Un zumbido persistente taladraba sus oídos causando una desorientación que nublaba su mente. Parpadeó un par de veces, intentando enfocar su vista. Las luces tenues revelaban un espacio reducido, lleno de cables y paneles de control con una luz muy tenue.

Langrenus se desenganchó de las correas que lo sujetaban. Apenas podía moverse después de la larga inactividad.  Se apoyó en la pared de la cápsula, respirando hondo para recuperarse y sentir control de sus movimientos. La desorientación seguía, pero una sensación de urgencia lo impulsaba a salir de la cápsula.

Pulsó  el botón en la pared, y la tapa se abrió. A través de la abertura, pudo ver el exterior de la cápsula espacial.   El paisaje desolador se extendía ante sus ojos: un terreno árido, salpicado de rocas y  pequeños cráteres. El cielo era  de un color rojizo con nubes violetas y naranjas que bloqueaban la luz del sol.

Langrenus descendió de la nave. A lo lejos, se veía una estructura metálica imponente, que parecía ser parte de una construcción más grande.  Mientras exploraba los alrededores, Langrenus descubrió el esqueleto de una criatura alienígena. Estaba en el suelo, rodeado de lo que parecía haber sido una armadura protectora. La criatura era alta y delgada, con una piel grisácea y una cabeza alargada. Sus ojos vacíos miraban hacia el cielo como si hubiera sido lo último que hizo.

viernes, 17 de mayo de 2024

15/52

La primera vez que vi una mujer desnuda no fue en internet, ni en una revista escondida debajo del colchón de algún primo mayor. Fue en una pequeña caja de plástico con una lente al frente que tenía Fili, la rana ─ le decíamos─ se llamaba Filiberto, pero a esa edad nadie cargaba con nombres completos.

Un día de tantos, alcancé a ver un grupo de niños que rodeaban a Fili, atrás del salón de usos múltiples de la escuela, donde la vigilancia de los profesores era escasa.  Nadie dijo "sexo". Nadie dijo "deseo". Nadie dijo "cuerpo".  Los adultos eran excelentes construyendo silencios; nosotros nos especializamos en llenarlos con rumores. Que si las mujeres hacían esto. Que si los hombres aquello… La educación sentimental de mi generación era un montón de mentiras dichas con absoluta convicción por niños que sabían exactamente lo mismo: nada.

La caja cabía en la mano. Parecía un juguete viejo, uno de esos objetos que los adultos guardan en los cajones junto con llaves que ya no abren nada y fotografías de gente que nadie recuerda.

Pero en la caja de la rana había una filmina.  Una sola.

Un pedazo diminuto de plástico transparente que, contra la luz correcta, abría una puerta que nadie había mencionado.

Fili la sacó con cuidado, sabíamos que era algo que teníamos que esconder, un secreto. No dijo mucho. No hacía falta. A los once años uno aprende rápido que hay silencios que explican más que cualquier adulto intentando hablar de "temas delicados".

La filmina pasó de mano en mano.

Cuatro o cinco segundos para cada uno.

Mirar.  Apartarse.  Entregarla al siguiente.

Nadie se reía demasiado. Esa es una de las cosas que recuerdo. Todos queríamos aparentar que éramos más grandes de lo que éramos, pero en el fondo estábamos ahí, cinco o seis niños con la misma cara de quien acaba de encontrar una puerta secreta en una casa donde creía conocer todos los cuartos.

En ese momento sólo sentí entre emoción, temor, vergüenza y sobre todo una sensación de sorpresa que me golpeó el pecho.

No entendíamos nada.  Ese era el detalle.  No era deseo todavía. Era desconcierto. Era la sensación de que el mundo tenía una parte escondida y que los adultos llevaban años caminando por ahí sin molestarse en dejarnos un mapa.

Después seguimos jugando.  Como si nada.  Como si una pequeña imagen ampliada por una lente barata no hubiera movido unos centímetros las paredes de la infancia.

Años después apareció internet y el misterio cambió de domicilio. Ya no había que esperar a Fili robando una filmina del escritorio de su padre. Bastaba buscar y el algoritmo hacía el resto. La pubertad dejó de llegar como un rumor de recreo, empezó a irrumpir por la pantalla con la delicadeza de una botella estrellándose contra un escaparate.  Sin que nadie pregunte qué hace un niño con todo eso en la cabeza.

Supongo que crecer consiste en descubrir que casi todos despertamos así: de golpe, mal informados, con el corazón acelerado y la absurda esperanza de que alguien, en algún momento, nos explicara qué demonios acabamos de sentir. Nadie lo hizo. Así que seguimos improvisando la adultez con los mismos apuntes manchados que escribimos en quinto de primaria.


Twitter: Owiruame

jueves, 21 de marzo de 2024

14/52

Escrito con letras temblorosas en un pedazo de cartón, un anuncio colgaba de la pared del edificio: "Vendo mis últimas esperanzas o las intercambio por sueños rotos que se puedan reciclar". Lo miré fijamente, sintiendo una mezcla de curiosidad y desolación. La frase resonó en mi mente con una extraña familiaridad.

Entré al edificio, la curiosidad me empujaba a buscar al autor de tan peculiar oferta. Llegué al departamento 7-B. Rebeca, una artista que había visto cómo sus sueños se marchitaban uno a uno, se había decidido a dar un último paso antes de rendirse por completo. No le quedaba nada más que ofrecer, sólo las últimas migajas de su esperanza, convertidas en ese extraño anuncio. Abrió la puerta.

Mis ojos se encontraron con los de Rebeca. Un silencio incómodo se apoderó de nosotros, pero me atreví a preguntar: "¿Qué esperas a cambio de tus últimas esperanzas?". Ella me miró con sorpresa, no esperaba que alguien respondiera a su peculiar oferta. Dudó un instante antes de responder: "No lo sé... algo que me ayude a seguir soñando, aunque sea sólo un pedacito de un sueño roto".

La miré con nostalgia, recordando todo lo que había dejado atrás. "Yo tengo algunos sueños rotos", dije. "Tal vez podamos hacer un trueque". Ella se sintió intrigada. "Cuéntame sobre tus sueños rotos",  me dijo invitándome a pasar.

Me senté frente a ella y conversamos. Le conté de mis letras que nunca se habían publicado, de aquella beca que perdí, de ese "no" que recibí por respuesta. Rebeca, me contó a su vez sobre sus sueños de ser pintora, de sus lienzos vacíos y de la soledad...

Pasaron las horas, al atardecer nos dimos cuenta: aún compartíamos una chispa de esperanza. Los sueños rotos, al ser compartidos, se transformaron en algo nuevo. Ahora unidos por un mismo anhelo, nos embarcamos en un nuevo viaje, con la esperanza de que, juntos, nuestros pedazos rotos pudieran crear algo hermoso.

En el taller de Rebeca, entre pinceles y lienzos manchados, nuestros sueños rotos se fusionaron. Las letras que no se habían publicado se convirtieron en poemas inspiradores y  el "no" se convirtió en un "sí" a la posibilidad de crear algo nuevo.

Twitter: Owiruame

viernes, 23 de febrero de 2024

13/52

Un anuncio peculiar, nacido de la frustración y las esperanzas perdidas, aparecía en el “anuncio clasificado” del periódico local: Mujer imaginaria vende castillo en el aire. Remate por divorcio de una pesadilla.

Los interesados no se hicieron esperar. Algunos, soñadores empedernidos, buscaban un refugio etéreo. Otros, mucho más prácticos y mundanos, veían una oportunidad para invertir en lo intangible. Entre ellos, llegó Amal, un poeta con la mirada perdida en las nubes.

Llegó al castillo de Deene, la mujer que había puesto el anuncio, y escuchó de sus labios una historia llena de sueños rotos y anhelos de libertad. Amal se enamoró, no del castillo, sino de la mujer que lo había creado.

Amal le propuso un tiempo compartido, no del castillo sino entre ellos. Pasaron los dias.  Juntos, transformaron la pesadilla en una hermosa esperanza, un refugio donde la imaginación y la poesía reinaban.

El castillo en el aire, ahora símbolo de esperanza y amor, dejó de ser una simple fantasía para convertirse en un hogar real, tangible como el rayo de sol que acariciaba la piel de Deene por las mañanas.

Twitter: Owiruame

jueves, 4 de enero de 2024

12/52

El alba se asomaba por el horizonte, iluminando el cielo con sus colores rojizos y anaranjados. El viento soplaba suavemente, acariciando los árboles y las flores.

En la pequeña cabaña,  Javier dormía profundamente.   Una mujer estaba frente a él. Era hermosa, con el pelo largo y negro, la piel bronceada y los ojos verdes como esmeraldas. Vestía un vestido blanco que se movía con el viento.

Javier abrió los ojos y se sentó en la cama, sorprendido, la miró con incredulidad. ¿Era real? ¿O era solo un sueño?

― ¿Te he despertado?

Javier asintió. ¿Quién eres? ― preguntó.

― Soy una ninfa, he venido a buscarte.

― No entiendo.

Te he visto ― dijo la ninfa. Te he visto en tus sueños.  La ninfa se acercó a él y lo besó. Javier sintió su cuerpo arder de deseo.  Se besaron durante un largo rato. Mi tiempo aquí se acaba ― dijo la ninfa. Él la miró con tristeza.  ¿No volveremos a vernos?― preguntó.

Ella sonrió. Volveremos a vernos ― dijo.  En nuestros sueños  ― con esas palabras, desapareció.

Javier se quedó mirando el lugar donde ella había estado. No podía creer que todo hubiera sido un sueño.

jueves, 14 de diciembre de 2023

11/52

La radio sonaba en la cocina. Gabriel, sentado a la mesa, la escuchaba con atención, aunque sus ojos miraban a la maleta que estaba en el suelo, junto a la puerta.

La había descubierto por casualidad, la noche anterior. Había ido a buscar algo al armario y la había visto ahí, escondida, cubierta con el abrigo rojo de ella. La había abierto y había visto que estaba llena de ropa, zapatos y otros objetos personales.

En ese momento, había comprendido lo que estaba pasando. Su esposa lo estaba dejando.

Él sabía del hombre con quien Martha se marchaba. No recordaba cómo se había enterado.  Tal vez había sido una llamada telefónica, o un mensaje de texto. En ese momento no importaba.  Lo único que sabía era que su vida estaba a punto de cambiar para siempre.


"Hoy me he despertado
Con mucha tristeza
Sabiendo que mañana
Ya te vas de mí"

Gabriel se levantó y se acercó a la maleta. La tocó con la mano, con cuidado.

¿Por qué?, ― se preguntó. ¿Qué he hecho mal?

En realidad no existía una respuesta correcta,  sólo sabía que no iba a poder cambiar lo que estaba pasando.

Abrió  la maleta y empezó a sacar las cosas: ropa, zapatos, la cámara fotográfica y algunos objetos personales. Cosas que su esposa había ido atesorando a lo largo de los años.

Gabriel tomó los objetos delicadamente, con cariño, los miró con tristeza, como si estuviera despidiendo a un amigo.

Cuando terminó de sacar todo, la maleta estaba vacía, la cerró y la dejó en el suelo.

Se quedó ahí, parado, mirando la maleta.

No te vayas  ― pensó. Por favor, no te vayas.

Pero sabía que era inútil. Su esposa ya había tomado su decisión.

El hombre se giró y se dirigió a la puerta. La abrió y salió de la casa.


"¿Hasta cuándo volverás
A mis brazos?, no lo sé
Será una eternidad
Creo que te voy a perder"

El hombre caminó por la calle, sin rumbo fijo. 


* * * 

viernes, 8 de diciembre de 2023

10/52

«Hombre ideal busca mujer imaginaria para una vida de ensueño» ― Leyó Aislín. 


El anuncio del periódico local que había llamado su atención, claramente decía: Hombre ideal busca mujer imaginaria para una vida de ensueño.


Aislín leyó el anuncio varias veces. No podía creer lo que estaba viendo. ¿Una mujer imaginaria? ¿Era esto una broma?


Decidió llamar al número del anuncio. Una voz varonil respondió:


― ¿Hola?

― ¿Eres el hombre ideal que busca una mujer imaginaria?

― Así es, soy yo. Es interesante que hayas respondido a mi anuncio.

― Es interesante que lo hayas publicado.

― ¿Te gustaría que nos conociéramos?

― Claro, ¿Podemos vernos en algún lugar del centro?

― ¿Qué te parece si nos vemos en el café de las Horas Perdidas, que está frente al parque de las amapolas y valerianas? ¿Te parece bien el viernes a las seis de la tarde?

― Me parece perfecto, ahí nos vemos.


 Aislín llegó al café de las Horas Perdidas puntual, en la mesa del fondo estaba él, no podía ser otro, era tal y como lo había imaginado.


Daylon (su hombre ideal) se puso de pie y le invitó a sentarse. Ella le miraba con cierta incredulidad, ¿Sería posible?


Pasaron la tarde conversando, nadie sabe de qué… Y nadie les volvió a ver después de ese encuentro.


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viernes, 1 de diciembre de 2023

9/52

Irma caminaba lentamente, disfrutando de la paz y la tranquilidad de la tarde. De pronto, levantó la vista y vio a un hombre sentado en un banco. El hombre leía un libro gordo de Roald Dahl que identificó de inmediato porque ella misma tenía uno en su mesa de noche.

Irma se quedó mirándolo durante unos segundos. El hombre también la miró, y sus miradas se cruzaron.

Irma sintió un extraño sentimiento en el pecho. Era una sensación de familiaridad, como si ya lo conociera.

El hombre se levantó y se acercó a Irma.

Hola - dijo.

Hola - respondió Irma.

¿Te puedo acompañar? - preguntó el hombre.

Irma dudó unos segundos. No sabía qué responder.

Por supuesto - dijo finalmente.
Él sonrió y los dos comenzaron a caminar juntos.

Hablaron durante una hora, que a Irma le parecieron unos cuantos minutos. Ella le contó al hombre sobre su vida, sus libros y sus proyectos.  Él le contó sobre su trabajo, sus viajes y sus sueños.

Cuando llegó el momento de despedirse, Irma sintió una tristeza. No quería que el hombre se fuera.

A veces me encuentro contigo cuando no te espero - dijo él. Así que nos volveremos a ver - concluyó.

Él se inclinó y le dio un beso en la mejilla.  Hasta pronto - dijo.

Hasta pronto - respondió ella.

El hombre se alejó, Irma lo vio desaparecer entre la gente.

Se quedó allí, mirando hacia donde se había ido. No sabía quién era, pero no sabía si no lo olvidaría... o si no lo había olvidado de otros tiempos.

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sábado, 25 de noviembre de 2023

8/52

Sergio se sentó en la banca del parque, mirando a los niños jugar. Recordó cuando él era pequeño, y pasaba los días corriendo y jugando con sus amigos. Su madre solía cantarle una canción, una canción que lo hacía sentir feliz y seguro.

La canción era sencilla, pero tenía una melodía hermosa. Su madre la había aprendido de su propia madre, y ahora la cantaba a su hijo. Sergio podía escuchar su voz en su mente, clara y dulce como el sonido de una guitarra.

Cerró los ojos y se dejó llevar por los recuerdos. Recordó los días de verano, jugando en el campo con sus amigos. Recordó las noches de invierno, sentados alrededor de la chimenea, escuchando a su madre cantar.

Y llegada la noche la escuchó, su voz estaba en el viento. Memorias de la niñez.  Era la misma canción...  Sergio abrió los ojos y miró al cielo. Las estrellas brillaban como diamantes en ese manto azul oscuro.

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martes, 21 de noviembre de 2023

7/52

La tarde era un poco fría, pero el sol brillaba con intensidad. La joven caminaba por la calle, disfrutando del ambiente. De repente, vio a un hombre que le resultaba familiar. Se acercó un poco más y se dio cuenta de que era él. Él ya era historia.

Se quedaron mirándose durante unos segundos, sin saber qué decir. Finalmente, él fue el primero en hablar.

Hola, ¿cómo estás?

Bien, gracias -respondió ella, con un tono de voz un poco frío.

Me alegro de escucharlo -dijo él-. ¿Te apetece tomar un café?

Ella dudó unos instantes, pero finalmente aceptó. Se sentaron en un local cercano y empezaron a hablar.

Hablaron de sus vidas, de sus trabajos, de sus amigos. Al principio, fue un poco incómodo, pero poco a poco la conversación fue fluyendo.

Se dieron cuenta de que todavía tenían muchas cosas en común. Se reían de los mismos chistes, se emocionaban con las mismas cosas.

Al final de la tarde, se despidieron. Ella se sintió un poco confusa. Por un lado, estaba contenta de haberle visto de nuevo. Por otro lado, también sentía un poco de tristeza.

Su corazón estaba dividido: por un lado, le pedía que olvidara, pero, por otro lado, le empujaba a volver a empezar.

No sabía qué hacer. Lo único que sabía era que no podía olvidarle.

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miércoles, 13 de septiembre de 2023

6/52

Pedro hizo una pausa en su escritorio, mientras miraba el reloj de la pared. Las agujas marcaban las 5:59. Era su último día de trabajo en la empresa. Había pasado 20 años allí, y ahora era hora de comenzar una nueva etapa en su vida.

Suspiró y se levantó de su asiento. Recogió sus cosas y las colocó en una caja. Luego, apagó el ordenador y cerró la puerta de su oficina.

Caminaba por el pasillo cuando de repente, sintió un fuerte dolor en el pecho. Se llevó la mano al corazón y se dio cuenta de que algo andaba mal.

Intentó llamar a alguien, pero no pudo. El dolor era cada vez más intenso.

Pedro cayó al suelo, inconsciente.

La oficina quedó en silencio. Para él, el reloj marcaba la hora por última vez. No era su último día de trabajo, era el último de su vida.

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domingo, 3 de septiembre de 2023

5/52

Se despertó con la terrible sensación de su ausencia. Miró a su lado, ella no estaba ahí. La sábana estaba fría y vacía.

Se levantó y se dirigió a la ventana. El sol estaba saliendo y el mar brillaba con los primeros rayos de luz. Se acercó a la ventana y respiró profundamente el aire fresco del mar.

A lo lejos, divisó algo en el horizonte. Era una figura pequeña, de pelo rojo y ensortijado, que se movía con gracia por el agua. La figura se acercaba cada vez más, y pudo ver que era ella.

La mujer del pescador había desaparecido hacía tres días. Él la había buscado por todas partes, pero sin éxito.

Ella se acercó a la orilla y se detuvo frente al pescador. Su pelo estaba mojado y sus ojos brillaban con una luz sobrenatural.

─ ¿Dónde has estado? — preguntó él.

─ He estado en un lugar maravilloso — respondió la mujer. Un lugar donde el agua es cristalina y el sol siempre brilla.

Él no podía creerlo. Su mujer, la mujer que había amado toda su vida, era una sirena.

─ Pero, ¿por qué? ¿Cómo? — preguntó el pescador. 

─ Porque ese es el lugar al que pertenezco — respondió la mujer.

─ Pero yo te quiero — dijo el pescador. No quiero que te vayas.

─ Yo también te quiero — dijo ella.  Se acercó al pescador y le dio un beso. El pescador sintió su piel fría y húmeda contra la suya.

─ No me olvides —dijo la sirena. Se dio la vuelta y se sumergió en el mar. 

Él se quedó solo en la playa, mirando la mansedumbre de las aguas. Sabía que nunca volvería a ver a su mujer, pero también sabía que ella había encontrado su lugar más allá del mar.

Al día siguiente, Se despertó con la terrible sensación de su ausencia ¿Ella estaba ahí?

Ella, transformada en sirena, nadaba en un río de estrellas.

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martes, 29 de agosto de 2023

4/52

Armado únicamente con una linterna, Iván entró sigilosamente en la vieja casona.  A medida que avanzaba por los pasillos oscuros, las sombras jugaban con su mente y los susurros del viento parecían susurros distantes.

Finalmente, llegó a una habitación en el segundo piso. Al abrir la puerta, una sensación de nostalgia lo envolvió.

La habitación estaba llena de polvo y los muebles estaban cubiertos con sábanas. En el centro había una cama, y en una cómoda junto a la ventana yacía una fotografía enmarcada. Iván se acercó y la levantó. En la foto se veía a una familia: un hombre, una mujer y un niño.  A medida que observaba la fotografía, sintió una conexión con aquellos extraños. Cerró los ojos e imaginó cómo sería haber vivido en esa época. Fue entonces cuando sintió una brisa fría y un escalofrío recorrió su espalda. Los fantasmas del pasado no habían abandonado la habitación.

Iván, no estaba ahí para hablar con los fantasmas del pasado, había llegado a recuperar su historia, él era el niño de la fotografía. Cierto que no recordaba haber formado parte de esa familia, ni siquiera recordaba el día que disparó la escopeta en contra de sus progenitores, pero después del orfanato y varios hogares de acogida, ahora estaba listo para comenzar de nuevo.

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martes, 13 de diciembre de 2022

3/52

“En una investigación delictiva, no es la ausencia de indicios,  
sino el exceso de prejuicios (por parte del analista)
lo que genera errores en ella”. 
— ¿Encontraste todo así?

— ¿Y cómo podía ser de otra manera? Está en su naturaleza, siempre será así.

— Pero, ¿No sería posible que alguien más...

— Definitivamente no. Las manchas de sangre, el cadáver al lado... Además, ya te lo dije, está en su naturaleza, estoy seguro que hace meses lo planeaba. No entiendo cómo no lo viste venir.

— Creí que se llevaban bien.

— ¿Cómo podían llevarse bien? Ya te lo dije, está en su naturaleza.  Ese gato sólo tuvo que esperar el momento oportuno para matar al canario.

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lunes, 5 de diciembre de 2022

2/52

«Se vende». Rezaba el letrero en esa pequeña parcela de playa.  Es cierto, no era el caribe, pero tenía una preciosa vista al atardecer en el Pacífico. Y además era todo lo que quedaba. 

Lo primero que vendieron fue la finca cafetalera. Buen dinero les dieron por ella, dinero que había servido para pagar los estudios de dos hijos y sendos departamentos en la Ciudad de México, nada menos que en Coyoacán, barrio de intelectuales, artistas y  comerciantes.

Tiempo después los terrenos de la playa se vendieron uno a uno, para sufragar gastos de la vejez. Terrenos que se fueron en hospitales, asistencia y cuidados. Excepto ese, el del peñasco. 

Desde ese peñón se podía ver cómo los barcos se perdían en el horizonte. En el risco había árboles de mango, papaya, nísperos y marañones. Bajo el risco había una pequeña playa con algunos cocoteros.  Ese pequeño trozo de paraíso era el último pedacito que quedaba de su corazón en aquellas tierras.

Él se encogió de hombros, como antes se le había encogido el corazón, le dio la espalda a ese atardecer y dijo: «véndanlo, igual mis hijos nunca vendrán hasta acá».

El sol se ocultaba en el horizonte, igual que él escondía la secreta esperanza de -no vender, y- no perder ese trocito del cielo en la tierra.

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miércoles, 30 de noviembre de 2022

1/52

 ─ Desenterrarlo no va a ser tan fácil.

─ ¿Tú crees? Pero si ya tenemos el punto exacto donde lo enterraron.

─ Ei, pero… ¿Sabe? Los espíritus son celosos. No le entregan sus tesoros a cualquiera.

─ Pues no soy cualquiera, eh. Mi abuelo compró la finca y todo lo que hay en ella. Y mi esposa, fue quien tuvo esas visiones.

Los dos hombres estaban al fondo del patio. El “patrón” sostenía en su mano una lámpara mientras el otro paleaba tierra para abrir un hoyo en aquél rincón de la casa. El que escarbaba hizo una pausa en su trabajo:

─ Ei, pero, ¿no la mandó uste’ al psiquiátrico, ‘quesque’ por esquizofrenia?

─ ¿Cómo iba yo a saber que lo que veía era el fantasma del general? ¿Cómo iba yo a saber que se aparecía para cuidar su tesoro? Igual te estoy pagando para que me ayudes a desenterrarlo porque me dijeron que tú podías hacerlo.

─ Por eso digo que desenterrarlo no es tan fácil.  Para encontrar el tesoro que cuida un difunto, hay que encontrarlo sin deseo, sin ganas de hallarlo. En el momento que uno codicia el oro o la plata que hay,  el tesoro se convierten en ceniza… ¡Y ni pa’dios ni pal’diablo!

─ Tú no lo codicias, ¿o sí? Y yo… Digamos que es más un “interés histórico”.  Mi abuelo sí que lo quería, ¡pobre, se murió sin encontrarlo!

Nadie supo qué pasó. Por la mañana, encontraron muerto al dueño de la finca de un golpe en la cabeza,  una pala ensangrentada y un poco más allá, una olla de barro llena de ceniza.

Twitter: Owiruame

lunes, 28 de noviembre de 2022

52 malas historias


Hace ya un par de meses sigo un podcast llamado "La cizaña". Y ayer, justo gracias a su "mensaje subliminal" introducido durante todo el programa, comencé a seguirlos en Discord.  Eso me llevó a ver un poco más los perfiles de Meny, Karla y Álvaro... 

Yendo de aquí para acá me encontré con el blog de Meny llamado "52 malas historias" donde habla de la premisa de Ray Bradbury: "Escribe una historia corta cada semana. Es imposible escribir 52 malas historias seguidas". Y, por ende, Meny escribe una MUY BUENA historia por semana (aunque creo que no lo ha hecho en varias semanas). Me gustó la idea. De pronto me dieron ganas de agregarle una pestaña más a mi blog con 52 historias.

La entrada de hoy es el aviso.