jueves, 27 de agosto de 2026

Ella era Tauro

Nunca entendí por qué aceptó tomar café conmigo.  Creía en señales, canciones oportunas y milagros pequeños.

Yo creía en el café negro y en que nadie se va de este mundo sin pagar la cuenta.

Hablábamos de cualquier cosa. Terminábamos hablando del destino. Yo hacía chistes para no parecer impresionable. Ella respondía con una fecha, un símbolo, una carta imaginaria o un número que, según decía, siempre estaba esperando a alguien.

Una tarde tomó mi mano.
No para acariciarla.
Para leerla.

Frunció un poco el ceño, como quien encuentra una errata en un manuscrito antiguo.

No tienes mala suerte —dijo. Tienes una extraña habilidad para enamorarte de los laberintos.

Me reí.  Hay frases que uno se ríe sólo para retrasar el momento en que empiezan a doler.

Nunca intentó convencerme de nada. Sólo me dijo: "Todavía puedes ser mejor".

Qué frase tan peligrosa.

Hay hombres que prefieren perder un amor antes que perder el personaje que construyeron.

Yo era uno de esos.

Las personas realmente tercas no discutimos, simplemente esperamos. Como los árboles. Como las montañas. Como ciertas verdades que se sientan a fumar mientras uno termina de hacerse pendejo.

Desde entonces, cuando preguntan qué pasó, sólo digo: "Ella era Tauro… y yo llevaba demasiados años actuando de cabrón".

Twitter: Owiruame

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