Nunca me dijo que era Capricornio. Lo descubrí porque hacía preguntas como quien levanta una auditoría buscando el error más pequeño.
—¿Cuál fue la última vez que mentiste?
—Hace cinco minutos.
Sonrió.
Ahí debí salir corriendo. En vez de eso le invité otro whisky.
Hay personas que besan. Ella llegaba hasta el alma entre labios, saliva y aliento.
Lo nuestro terminó el día que ya no tuvo nada nuevo que descubrir. Los enigmas también caducan y yo era un libro abierto, de los que se colorean... con crayones.
Lo peor es que, a cierta distancia, mis letras hacían muy buena publicidad. De cerca, en cambio, se notaba que las páginas ya venían rayadas.
No hay comentarios. :
Publicar un comentario
Agradezco tu visita y comentarios!