sábado, 4 de abril de 2026

sábados

Los sábados por la mañana sirven para hacer hotcakes (sin receta, justo como salen de la caja) y llevarlos a la cama de alguien que importa junto con un chai que se enfría más rápido de lo que debería.

Después viene el café (el segundo, porque el primero no cuenta) y la mesa del comedor. Esa cosa que llamas computadora, pero que en realidad es sólo una ventana abierta a algo que no terminas de controlar.

Las tórtolas en la ventana hacen lo suyo (como si alguien se los hubiera pedido), el sol insiste en que hoy podrías lavar ropa (y quizá sí, quizá no).

Cierras los ojos. No para recordar sueños épicos ni románticos (eso también sobra), sino para reconocer que, al final, todo se reduce a algo más simple:
un espacio que no sea perfecto, pero que no tengas que pedir prestado.
Un rincón que no permanezca intacto, pero que puedas seguir llamando tuyo (aunque cambie, aunque te cambie).

Twitter: Owiruame

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