domingo, 26 de abril de 2026

hoy

El sentido de la vida (el mío) no es grandioso.
No tiene forma de revelación bíblica, tesis de doctorado, o  frase para taza motivacional.
Es simple: acompañar.
Encender pequeñas luces en otros.
Enseñar. Escribir. Amar sin poseer. Nombrar con honestidad aquello que casi todos disfrazan.
Si has descubierto el sentido de la vida no esperes el momento perfecto para llevarlo a cabo… Es hoy.



Twitter: Owiruame

sábado, 25 de abril de 2026

caos

Creo que eres un caos hermoso,
pero de esos que no se admiran de lejos.
Eres tormenta a cuarto cerrado,
la clase de error que uno repite sobrio.

Lo tuyo pide calle, desvelo,
mensajes escritos a horas absurdas,
y esa costumbre tan tuya
de desacomodarme las certezas.

Perderme en ti no suena a tragedia.
Suena más bien
a dejar de fingir que siempre quise
llegar intacto a todas partes.

Y aquí me tienes,
entrando a tu desastre sin pedir instrucciones,
como quien sabe que va a salir herido…
pero espera, al menos, salir sonriendo.


Twitter: Owiruame

jueves, 23 de abril de 2026

(d)escribirte

Te escribo y acaricio el teclado con una calma que miente.
Bajo las yemas no hay plástico:
está el ensayo de tu espalda,
la curva exacta donde mis manos perderían la educación si te tuviera cerca.

Cada tecla suena como un golpe seco 
contra mi propia paciencia.
(D)escribirte se ha vuelto esta forma indecente de tocarte sin testigos,
sin culpa y sin la bendita ventaja de tu respiración
desordenándose por mi culpa.

Me detengo en tu nombre.
Lo escribo lentamente,
como si la pausa pudiera atravesar cables, pantallas, distancias…
y convertirse en mi boca
distraída en tu hombro.

Hay palabras que no redacto:
las deslizo.
Se comportan como dedos que ya entendieron
que la prisa arruina los buenos pecados.


El cursor parpadea frente a mí
con la misma ansiedad de tu cuerpo esperando permiso.
Y yo aquí, fingiendo que sólo trabajo,
mientras te desabrocho en la imaginación
con la precisión obscena
de quien ha pensado demasiado en tu piel.


Dicen que las máquinas no sienten nada.
No conocen esta pantalla tibia,
ni este vicio ridículo de escribir tus letras
como quien enreda los dedos entre tu cabello.

Te escribo porque si no lo hago,
mis manos empiezan a extrañarte
de formas poco elegantes.
Cierro la laptop.
La oficina queda en silencio,
pero mis dedos conservan memoria.

Y eso es lo verdaderamente injusto:
que después de tocarte tanto en palabras,
todavía me falte lo más simple:
tenerte enfrente
y olvidarme por completo de escribir.



Twitter: Owiruame