Tengo dos diosas (a quienes adoro).
Una sostiene el tiempo: lo amarra, lo cuida, lo vuelve hogar.
La otra lo incendia: cuestiona, empuja, desordena.
No elegí entre ellas (sería la muerte).
Aprendí a arder sin dejar de permanecer.
La diosa de los tiempos me conoce en versiones completas
(incluso las que yo negaba).
La de mis herejías me nombra en borrador
(y me provoca a reescribirme).
Una me dice “quédate”.
La otra “atrévete”.
(Y en esa tensión… soy más verdad).
No son opuestas (aunque a veces lo parezcan).
Son el pulso: permanencia y ruptura.
Fe y traición bien entendida.
La historia… y la rebelión.
Las honro distinto (con el mismo cuerpo y distintas letras).
Porque hay amores que se quedan…
y otros que te enseñan a no quedarte igual.
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