Creo en dios, no como un rey, ni como padre o madre, ni como juez,
sino como la única realidad de la que todo es y fuera de la cual nada existe.
Creo que las estrellas, las bacterias,
los árboles, los perros,
los errores humanos,
las galaxias y mis propios pensamientos
son distintas expresiones de una misma sustancia infinita.
No creo que el universo haya sido creado para nosotros.
Creo, en cambio, que nosotros somos una manera fugaz en la que el universo llega a contemplarse a sí mismo.
No creo en el pecado original.
Creo en la ignorancia, en el miedo…
y en las cadenas que fabricamos cuando dejamos de pensar.
No temo al infierno. Le temo a una vida vivida sin curiosidad.
Creo que la serpiente hizo una excelente pregunta.
Y sigo pensando que casi todos nuestros problemas comenzaron cuando dejamos de hacer preguntas e imponer dogmas.
Confieso que he adorado ídolos:
certezas,
banderas,
doctrinas
y hasta mis propias ideas.
De todas ellas intento convertirme cada día.
Creo que la razón es una brújula,
pero también que necesita de la curiosidad
para no convertirse en soberbia.
Confieso sólo un sacramento: cambiar de opinión cuando la evidencia lo exige.
Creo en la comunión de los curiosos,
en la santa duda compartida
y en el perdón de quienes alguna vez estuvieron seguros de tener razón.
Creo en la resurrección cada vez que abandono una certeza.
Creo que amar
es aumentar la potencia de existir del otro sin convertirlo en propiedad.
Creo que enseñar
es uno de los actos más sagrados,
porque multiplica la libertad
sin exigir obediencia.
Creo que ninguna escritura es infalible,
ningún profeta definitivo,
ninguna inteligencia posee la última palabra.
Toda idea merece ser escuchada,
y toda idea puede ser contradicha.
Espero muy poco de otra vida.
Espero mucho de ésta.
No anhelo un cielo.
Aspiro a comprender un poco más el mundo
antes de volver a él.
Y cuando mi cuerpo deje de existir,
no esperaré juicio alguno.
Volveré, simplemente,
a aquello de donde nunca salí.
Porque polvo de estrellas fui, igual que polvo de la tierra soy, y volveré a ser en la lluvia, en el musgo, el ala de un cuervo o la risa de un niño.
Amén.
O, si la herejía lo permite:
Así es.
por: Miguel Quintero
Twitter: Owiruame
Vine de Threads a leerte, porque el tono spinoziano de este poema me cautivó. De una mirada rápida por el blog, ya tengo muchas ganas de quedarme. Te voy a leer con atención. Saludos!
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