Qué ganas
de tenerte entre mis manos,
tus manos entregadas,
dispuestas…
a trazarme el mapa exacto
de lo que se rompe
si te sueltas.
Qué ganas
de tenerte entre mis manos,
boca abajo…
con las piernas abiertas
sólo porque lo digo.
Sin prisa,
con la certeza
de que no vas a moverte
hasta que yo quiera.
Qué ganas
de tenerte entre mis manos,
no para acariciarte,
sino para apretar
hasta que tiemblas,
soltarte
justo antes de romperte
y ver si suplicas
o te sostienes.
Qué ganas
de tenerte entre mis manos,
para que tu cuerpo diga
lo que tu boca
no se atreve.
Hundir los dedos
donde tiemblas,
donde ardes,
despacio,
mientras te sostengo la mirada…
Y que por fin entiendas:
te deseo.
Y dejar de fingir
que es la única forma
de estar cerca.
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