lunes, 20 de julio de 2015

orgullo

El orgullo es un bicho que hace su nido en el pecho del anfitrión.  Por lo anterior, en muchos casos el pecho se inflama, obligando al portador a inclinar la cabeza un poco hacia atrás, impidiéndole así mirar a las personas que le rodean si no es por encima del hombro.

Apenas hace su nido,  el orgullo comienza a nutrirse de las vanidades y arrogancia del anfitrión, a su vez ofrece sus desechos para nutrir al mismo: rencores, prepotencia, ingratitud.

El sujeto que ha sido infectado al principio acepta al orgullo en una especie de simbiosis en la que cree ganar, sin embargo, tarde se da cuenta de que el orgullo es un depredador, que lejos de tener una relación simbiótica mutualista, va socavando su corazón hasta dejar una costra endurecida donde antes había un órgano vivo.

No es fácil deshacerse del orgullo, pues se aferra al anfitrión con cada una de sus patas con una fuerza casi inquebrantable.  Sólo hay una forma de echar fuera al bicharraco y es haciendo fluir por las venas del sujeto una dosis de humildad.  El orgullo no puede sobrevivir en un ambiente cargado de mansedumbre y sencillez, por lo que se ve obligado a abandonar al sujeto.

Una vez fuera el bicho, es necesario seguir bebiendo cada día una buena toma de humildad, pues la alimaña siempre estará pendiente de cualquier indicio de soberbia para volver a atacar.

Como convaleciente de este mal, puedo agregar una cosa: si nuevamente ven rondar a ese parásito cerca de mí, aléjenlo con una buena palmada sobre mi nuca, que es la forma más efectiva de recordar el daño que hace ese animalejo y la persona que ahora deseo ser.