miércoles, 22 de julio de 2015

encuentro

Salí de la casa de mi padre para encontrarme a mí mismo. Cierto es que pedí la herencia que creí me correspondía, pero solo lo hice porque no sabía con que me habría de encontrar, salí de la casa de mi padre porque quise buscar por mí mismo el porque estaba en esta tierra.

Viajé, viví... conocí.

Mi vocación no estaba en la felicidad temporal que encontré viviendo perdidamente.

Las respuestas no estaba en el amigo que me abandonó en tiempos difíciles.

Mi tarea no era el trabajo que me asignó el señor de aquellas tierras.

Triste, solo, sucio y hambriento recordé la casa de mi padre. La casa de la que salí para encontrarme a mí mismo estaba lejos. Algunos dicen que en este punto había reconocido mis errores, lo cierto es que aún buscaba mi vocación.

Caminé días hacia donde el sol se oculta en el horizonte, caminé porque era lo único que podía hacer.

Una tarde con el sol de frente y cegado por su brillo alcancé a ver a un hombre que corría hacia mí con los brazos abiertos, llegando me abrazó y me besó... entre sus brazos y con mi cabeza en su pecho encontré mi vocación.

Padre -dije.  He pecado contra el cielo y...  él no me dejó terminar, me limpió, me vistió de ropas nuevas; y poniendo un anillo en mi mano hizo un nuevo compromiso conmigo.  Además mandó matar el becerro engordado para celebrar mi regreso.

Yo por mi parte tenía que celebrar: encontrándole a él me había encontrado; mi vocación eran sus brazos, las respuestas estaban en su pecho, mi tarea estaba en su amor.

Encontrarle a él mientras estaba perdido, fue encontrarme a mí mismo.