Hay tantos que somos «nada» desde mucho tiempo atrás. Millones de personas que han/hemos nacido en el lado oscuro para muchos otros, rostros sin rostro, ni siquiera un número, sabemos que están pero no están.
Del otro lado del mundo hay un niño sin nombre y sin rostro, que existe para mí como una anécdota, trabajando en una fábrica donde arman las computadoras como la que uso para escribir en este momento.
Del otro lado del río, hay un hombre que se levantó para ir a trabajar a un taller donde no tiene todas las prestaciones porque es un indocumentado, y sin embargo, en un día «gana en dólares» más de lo que yo saco en una semana de trabajo.
Del otro lado del país, de este lado del río, hay una mujer salvadoreña, abrazando a sus hijos mientras se esconde de quienes le persiguen para deportarla.
Del otro lado de la calle, mientras yo tengo trabajo, una persona duerme en la banca de «La ciudad deportiva», alcoholizado, adormecido por los inhalantes...
¿Qué nos hace significativos para alguien más?
«Has puesto eternidad en el corazón del hombre» (dicen que) decía un sabio. Y sin embargo, y a pesar de nuestro deseo de trascendencia, todos somos el lado oscuro para alguien más.
Deberíamos preocuparnos menos por trascender en el tiempo, y más en trascender en la vida del «otro».
por: Miguel Quintero
Twitter: Owiruame