miércoles, 6 de noviembre de 2013

no es cuento...

Ese lobo se había cansado de soplar para derribar casas, de perseguir cerditos y ser recibido con un caldero de agua borboteante;  estaba harto de polvearse con harina las patas para engañar a los pequeños cabritillos y después ser lanzado al río con la panza rellena de piedras.

Queriendo facilitar su tarea de depredador, siguió el ejemplo de algunos que iban de casa en casa con un libro bajo el brazo, sin embargo, la tarea le resultó poco fructífera.

Últimamente se le ha visto predicando como tele-evangelista, donde un coro de cerditos cantan "aleluyas"(aunque tienen que ser remplazados cada semana,  pues uno a uno desaparecen misteriosamente) y todos los cabritillos y borregos del país le mandan  lana como ofrenda o donativo en cada teletón.