viernes, 1 de noviembre de 2013

Dinorah

Había luz en su interior. Una diminuta, suave y tenue luz azul (era todo lo que quedaba). En la obscuridad de la noche, encerrada en su habitación, debajo de las cobijas, abría su boca y la dejaba salir por un momento.

De día no abría su boca. Nadie que le conociera había escuchado su voz, ni visto su luz. Nadie conocía su secreto. Había pasado tanto tiempo que no recordaba quien había colocado en ella esa luz, ni el porque. 

El temor se había adueñado de su corazón mucho tiempo atrás, temor de ser diferente, señalada, perseguida. Aprendió a ser invisible, callar, dejar de brillar. 

De la luz de antaño solo quedaba su nombre ¿Llegará el día en que ella iluminará con la luz que le fue dada?