lunes, 5 de septiembre de 2016

encuentros

Sus letras eran un eco lejano, un espejo donde se miró a sí mismo, igual pero distinto;  aquellas letras tocaron su corazón como el roce de labios inciertos en un primer beso.

Bebió de esos versos con la ansiedad del sediento; se vistió de de la calidez de sus palabras, recitó aquellas letras como un mantra, como una oración.

Al amanecer sintió la luz del sol recorrer su piel y escuchó el canto de las olas como quien descubre un mundo nuevo.

La encontró a la orilla del mar.  Y él, nómada del desierto que se había encontrado en sus letras, se perdió en su mirada.
Twitter: Owiruame