martes, 15 de diciembre de 2015

reposo

Cuatro años.  Cuatro años para llegar al destino final, al lugar de descanso, al lugar donde reposarán mis huesos, ni ser, mi todo.

Cruzar el río con un guía y compañero;  encontrar el momento justo para andar entre los cerros, soportar el camino de piedra y el helado viento como navajas. Todo para después tomar las alas del viento y volar.

Volar alto para esquivar las flechas, para escapar de las fieras que devoran tu corazón, para no perderte en la niebla del camino.

Cuatro años.  Cuatro años para entrar al reposo, para tomar las alas del colibrí o del quetzal y volar cada día acompañando al sol en su jornada.