viernes, 27 de noviembre de 2015

Tláloc

Con sus anteojos de jade nos mira y ríe.

Él es la lluvia que nos moja, el relámpago que amenaza a lo lejos, el trueno que retumba en nuestros oídos.

Por meses nos castiga con sequía y a Ehécatl le pide nos envíe viento árido, sólo para reír con esa carcajada que sale de su pico de pato.

La vida y la muerte está entre sus dedos mojados.

Cuando llega el momento, baja a la tierra y la fecunda trayendo la vida; sin embargo, con su lengua húmeda lame las paredes de adobe hasta deshacerlas, con dientes helados roe los jacales hasta hacerlos caer.

Descarga tus nubes en mi tierra.   Como cada año, búrlate de nuestro quejar, pero llena mi vasija del néctar de la tierra.