martes, 10 de septiembre de 2013

asombro

"Para quien aprende, el asombro es descubrimiento; para quien enseña, el asombro es renovación"

Hoy comienza un tetramestre más en Claustro Universitario.  Hace poco más de dos años comencé a dar clases en el mismo.  Antes de llegar a Claustro, me desempeñaba nuevamente (y después de algunos años como ministro de culto) como docente de preescolar.

Un cambio radical, pensarán algunos, y sin embargo no lo es tanto.  Sigo encontrando en la mirada de mis alumnos grandes y pequeños aquello que me impulsó a ser profesor: la chispa del asombro.  Cuando el velo se corre y se da el descubrimiento, los rostros de todos los que participamos del aprendizaje se ilumina con con una luz nueva, diferente, única.

Amo enseñar porque gracias a mis alumnos, las cosas que a los ojos de los demás son comunes y ordinarias, puedo verlas con una mirada renovada, puedo asombrarme de la cotidianeidad y en ese momento no existe el pasado ni el futuro, el presente se pinta de eternidad; la vida, por un instante, se vuelve plena.