viernes, 16 de agosto de 2013

dados...

Tengo en el cajón de mi oficina un par de dados que me obsequió una de mis alumnas. Así que son dados en el sentido de ser piezas de seis caras para jugar y dados en el sentido de ser un obsequio, regalo o don.

Los dados tienen mala fama, porque mala fama tiene cualquiera que participa de los juegos que dejan el destino a la suerte, aunque —valga la redundancia sea jugando.

Quien atribuye maldad a los dados desconoce las leyes de la probabilidad y estadística, y no es que conociéndolas la fortuna cambie, pero quien usa un dado conociendo dichas leyes sabe bien a que se atiene.

Dios no juega a los dados —afirmó el célebre Albert Einstein sin embargo no podemos asegurar que no dejó algunos entre nosotros para que, viviendo y jugando nos sorprendiéramos día a día.