viernes, 26 de julio de 2013

Libertad

La libertad no puede concederse ni robarse a los cristianos: es su propiedad inalienable; y al hablar de darla o retomarla, se trata evidentemente no de los verdaderos cristianos, sino de aquellos que solo usan este nombre. ¡El cristiano no puede dejar de ser libre, porque nada y nadie puede detener o hasta retardar su camino hacia el objetivo.. preestablecido [por Dios]! 

Para sentirse libre de cualquier poder humano, bastaría que el hombre concibiera su vida según la doctrina de Cristo, o sea, comprendiera que su vida no pertenece ni a él mismo, ni a su familia, ni a su patria, sino solamente a Aquel que la concedió, y que, por lo tanto, debe observar no la ley de su personalidad, de su familia o de su patria, sino la ley que nada limita, la ley de Aquél del cual proviene. 

Le bastaría comprender que el objetivo de toda vida es observar la ley de Dios porque, delante de esta ley que da origen a todas las otras, todas las leyes humanas asumirían su carácter obligatorio. El cristiano se libera, así, de cualquier poder humano por el hecho de que considera la ley del amor, innata en cada uno de nosotros y hecha consciente por Cristo, como la única norma de vida.

[León Tolstoi, El reino de Dios está en vosotros]