viernes, 29 de julio de 2016

la tortuga y la liebre

La liebre tenía fama de orgullosa. Conocida como velocista y además como campeona de muchas carreras de fondo, tenía razones de sobra.  Sin embargo, sabía reconocer que otros animales tenían sus propias cualidades.

Un perico, no obstante (y quién sabe por qué motivo) comenzó a correr la voz de que la liebre se burlaba de la tortuga; de su lentitud, sus patas cortas y sobre todo de todo el peso con el que cargaba.

Tal fue la magnitud del chisme que la tortuga fue a reclamar y a retar a la liebre: Quizá seas veloz como el viento, pero en una carrera yo te ganaría.  La liebre, que no sabía de que hablaba la tortuga, aceptó el reto, no porque sabía que ganaría, sino porque imaginó que algún chismoso quería sembrar discordia entre los animales, pero ella ya tenía un plan para acabar con ello.

 Llegado el día de la carrera, arrancaron en el momento que se dio la señal. La tortuga en ningún momento dejó de correr a paso lento pero constante, avanzando tranquilamente hacia la meta. La liebre, contrario a lo que se esperaba, se acostó a un lado del camino, manifestándose en contra del chisme del que la habían hecho parte a través de la resistencia pacífica.

Apenas la tortuga hubo cruzado la meta, la liebre se levantó y en un segundo alcanzó a la tortuga para felicitarla por su constancia y dedicación. Le expresó su sincera admiración y juntas se fueron a un bar que estaba cercano para celebrar su amistad y la victoria de la igualdad y la fraternidad por encima del rumor.

Quien sabe porque, años después un tal Esopo contó la historia de otra manera, tratando de dar lecciones moralistas a los hombres.
Twitter: Owiruame