viernes, 4 de diciembre de 2015

platos sucios

La ceremonia de todas las noches ha iniciado, recién salida de la ducha y vistiendo sólo tu pijama comienzas a llenar de agua y jabón un pequeño recipiente. Los platos sucios no hacen poesía — pienso.

Te miro de reojo desde la mesa mientras sigo trabajando. Admiro tu silueta iluminada por la luz de la calle que se cuela por la ventana. Acomodas cada plato, vaso y cubierto en una ridícula fila y orden que nunca he entendido. Los platos sucios no hacen poesía, ni filas — pienso.

No lo resisto. Me acerco a ti y te tomo por la cintura — los platos sucios no hacen poesía — Te beso en el cuello, lentamente y susurro a tu oído: yo me encargo.

Me miras de tal forma que me iluminas sólo con tus ojos.  Tomas cada plato que coloco después de enjuagarlo y lo secas. Los platos sucios no hacen poesía — pienso, mientras sonríes.

Ha terminado.  Nuevamente he caído en el juego. Es cierto, los platos sucios no hacen poesía, pero quienes los lavan si hacen el amor.